ALL-STAR WEEKEND: REFLEJOS DEL PRESENTE

Para el mundo de la NBA, el All-Star Weekend es un termómetro. Una forma de medir las tendencias de la época, de tomarle el pulso a las masas y de avistar nuevos horizontes. Ese termómetro se mantiene inalterable a lo largo de los años: sirvió en 1984 para confirmar que el Concurso de Volcadas sería un éxito rotundo, en 1987 y 1988 para tener una noción de lo que significaría Michael Jordan, en 1992 para entender que el público necesitaba despedirse de Magic Johnson y de los gloriosos años 80′ y sirve ahora para ratificar al triple como el absoluto dominador de la escena.

Desde hace varias temporadas, en la mejor liga del mundo reinan los tiradores. El crecimiento exponencial de los porcentajes de tiro, sumado al éxito incontestable de un equipo como Golden State Warriors, obligó a las demás franquicias a borrar las fronteras que existían entre la utilización del triple como un recurso más y el posicionamiento del mismo como el principal arma ofensiva del juego.

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Joe Harris anotó 26 puntos en la final del Concurso de Triples.

Este fenómeno ha invadido todos los aspectos de la NBA, incluido el All-Star Weekend. Y la jornada de Concursos de esta edición es el ejemplo perfecto. Histórica y justificadamente glorificado, esta vez el de Volcadas se evidenció pequeño y despoblado ante la armada de excelsos tiradores que conformaron el de Triples. Basta decir que, en él, participaron tres campeones de ediciones previas (Devin Booker, Stephen Curry y Dirk Nowitzki) y cuatro participantes (Curry, Nowitzki, Dame Lillard y Khris Middleton) de este All-Star Game. Mientras tanto, los mates fueron realizados por tres novatos (Hamidou Diallo, John Collins y Miles Bridges) y un sophomore (Dennis Smith Jr), el único con experiencia en la ceremonia.

Pero los organizadores de la liga no se quedaron con eso. Optaron por ir más allá y reforzar al que hoy se muestra como el Concurso más atractivo de todos: antes de la competencia oficial, leyendas del triple como Ray Allen, Dell Curry, Mark Price y Glen Rice tuvieron su chance de disparar al aro como acción benéfica para contribuir en la lucha contra el cáncer.

Lo que en la previa se suponía obvio, pudo confirmarse al terminar la jornada. Por un lado, Curry, Buddy Hield y el campeón Joe Harris impactaron al público con ráfagas de aciertos y una final apretada. Por el otro, Smith Jr, un gran volcador, estuvo más tiempo intentando sus mates que haciendo crujir el aro y sólo una salvajada atlética de Diallo salvó a los fans del aburrimiento.

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Hamidou Diallo voló sobre SHAQ y obtuvo un 50, la puntuación máxima.

Afirmar que la espectacularidad de las volcadas ha muerto es tan falaz como creer que la NBA sigue exponiéndolas como sus “highlights” insignia. Guste o no, ésta es la Era del tiro, el rango ilimitado, los jugadores sin posición fija y Curry o James Harden como sinónimos de modernidad.

“La gente lo compara conmigo, pero creo que Steph está en una categoría propia de juego.” – Ray Allen, máximo triplero en la historia de la NBA

Con la posibilidad de incluir a leyendas de la talla de Vince Carter, la liga decidió darle una importancia menor al Concurso que, años atrás, era el plato fuerte de los sábados de estrellas. Inevitablemente llegarán atletas extraordinarios, con destrezas suficientes como para volver a encender la llama de los mates. No obstante, la NBA entiende que, en estos tiempos, el show está detrás de la línea de 7,24 metros. Y cada vez más lejos.

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