UNA DE ESAS NOCHES

LeBron James ha sido el jugador más dominante de la NBA durante más de una década. Y, en su decimoquinta temporada, ha demostrado que aún sigue siéndolo. Pero todos (y principalmente los mejores) deben encontrar a alguien para, en un futuro cercano o lejano, pasarle el testigo. Lo han hecho Magic Johnson y Larry Bird con Michael Jordan. Lo tuvo que hacer el propio Jordan con Kobe Bryant. El fin es descubrir a un genuino heredero de ese dominio del juego. Y desde anoche, LeBron sabe que su elección fue tan certera como todo lo que hace en una cancha: Ben Simmons será el próximo rey de la NBA.

Cleveland y Philadelphia se disputarán el tercer puesto de la Conferencia Este hasta el final de la temporada regular. Hoy parece lógico, pero dos años atrás hubiese sido imposible de imaginar. Las apariciones de Joel Embiid y de Simmons han transformado a los 76ers en una potencia. Y ayer, sin el camerunés y frente al idolo de toda su vida, el australiano exhibió argumentos de sobra para justificar el famoso proceso. Es que el 25 fue capaz de dominar el juego con una facilidad pocas veces vista. Todas sus intervenciones fueron fundamentales. Que haya registrado el triple-doble numero doce de su carrera es una muestra de esa omnipotencia.

Pero del otro lado estaba LeBron. Y nada es fácil de conseguir cuando él se interpone en el camino. El cuatro veces MVP sumó otro triple-doble en el intento de consumar una remontada épica. Los Cavaliers acortaron la ventaja -que llegó a ser de 23 puntos- y dieron pelea hasta los segundos finales, pero tanto el triunfo por 132-130 como la tercera posición del Este se quedaron en Philadelphia.

Al final del partido, ambos se fundieron en un abrazo fraternal. Cierta vez, LeBron le dijo a Simmons que tendría la chance de ser incluso mejor que él. Apresurarse de esa forma tal vez confunda el mensaje: los separan muchos años de experiencia, tres campeonatos y casi 30,000 puntos. Pero hay momentos que no se explican con estadísticas o trofeos. Y la de ayer fue una de esas noches en las que las leyendas del presente reconocen a los dueños del mañana.

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