EL DIOS DEL CROSSOVER

Kyrie Irving, Steph Curry, Jamal Crawford. En la actualidad, estas y otras tantas estrellas de la NBA nos maravillan con su habilidad para manejar el balón, para dejar sin respuesta a los defensores mediante un crossover. Pero, tiempo atrás, existió un hombre que llevó esa faceta del juego a un nuevo nivel. Un precursor de lo que hoy vemos constantemente. Tanto sus movimientos como su nombre lo ubican en la cima de aquellos que viven del engaño. Esta es la historia de God Shammgod, el dios del CROSSOVER.

NACER ADULTO

Que la NBA no deje de sorprendernos hace que estemos acostumbrados a esperar cualquier cosa. Sin embargo, hay historias que, por mucho que lo intentemos, nos dejan sin respuestas. Están ahí para ser contadas. Y van más allá de cualquier cosa que pase dentro de una cancha de básquet. Kris Dunn, el base de Chicago Bulls, es el protagonista de una de las crónicas más impactantes de los últimos tiempos.

EL PRIMER MAGIC VS LARRY

La NBA los convirtió en una de las rivalidades más emblemáticas en la historia del deporte: Magic Johnson y Larry Bird. Larry y Magic. Detrás de ellos -y sin que ninguno de los dos lo quisiera- se encolumnaron quienes defendían lo contrario a lo que el otro representaba: Oeste contra Este, básquet callejero contra el de fundamentos, estética contra eficiencia y, en cierto punto, negro contra blanco. Alejados de todas las miserias por las que las masas elegían a uno u otro, ellos marcaron una época enfrentándose en la cancha y siendo amigos fuera de ella. Pero, aunque la NBA disfrutó de esos choques como de ningún otro, todo comenzó antes de que fueran profesionales. Fue en la final de la NCAA de 1979 entre Michigan State e Indiana State, dos modestas universidades lideradas por estos genios del juego.

EL GUANTE

El único base ganador del premio al Mejor Defensor del Año en la historia de la NBA debía ser alguien rudo, listo para incomodar al rival a través de todos los medios posibles. Y nadie encastraba mejor con esa descripción que Gary Payton. Fuera un novato o Michael Jordan, el ídolo de Seattle no se dejaba intimidar por su contrincante. Así, forjó una carrera que encontró un merecido lugar en el Hall of Fame. Y esta es su historia.

CUANDO MAGIC SE CONVIRTIÓ EN LEYENDA

1980. El Spectrum de Philadelphia albergaba el sexto partido de las Finales NBA entre los 76ers y Los Angeles Lakers. Pese a que estos últimos lideraban la serie con tres victorias, la lesión de Kareem Abdul-Jabbar acrecentó bruscamente las chances de que el equipo de Julius Erving forzara un séptimo y definitivo encuentro. En la búsqueda de una manera de suplir la ausencia de su jugador más dominante, el entrenador Paul Westhead decidió que su base novato ocupara el puesto de pívot. Nadie preveía que, en esa noche, aquel joven de sonrisa amistosa iba a ser el protagonista de una de las hazañas más recordadas en la historia del deporte: la que convirtió a Magic Johnson en leyenda.

EL GUSANO QUE NO QUISO SER MARIPOSA

La NBA es un producto de consumo masivo. Aparece tanto en las pantallas de Estados Unidos como en los smartphones de China y Sudamérica. Gran parte de esas apariciones se deben a los famosos highlights, esas jugadas que sobresalen entre otras durante un partido. Por lo general, las acciones ofensivas son aquellas que predominan. No resulta descabellado, entonces, que los grandes jugadores de ataque sean los favoritos de la gente.

Sin embargo, hubo un jugador que, durante las décadas del 80 y del 90, encontró una forma de colarse entre los mejores. Lo hizo yendo contra la corriente, enfocándose en el «trabajo sucio», ese que pocos quieren hacer. Así fue que completó una carrera brillante, en la que sobresalen cinco campeonatos, dos premios de Mejor Defensor del Año y siete títulos de máximo reboteador. Dennis Rodman, el gusano que jamás quiso ser mariposa.

 

BÁSQUET DE ASFALTO

En tiempos en los que ganarse el respeto de los demás significaba deslumbrar en playgrounds de los suburbios, Jamal Crawford creó su reputación de mago con una pelota en las manos. Según dice él y corroboran quienes pudieron verlo, los movimientos que tanto lo hicieron -y hacen- destacar en la NBA no son ni la mitad de los que hacía cuando el escenario era el asfalto.

 

JASON KIDD, EL PRIMER LEBRON

«La gente no lo sabe, pero Jason Kidd fue el primer LeBron James. ¿A qué me refiero? Cuando ‘J’ jugaba en la secundaria, todos se paraban a verlo. Toda la atención estaba puesta en él», suelta Gary Payton, a horas de que ese muchacho al que nombra sea inducido al Hall of Fame. Enfocado desde adolescente, Kidd forjó una carrera espectacular: Co-Rookie del Año (junto a Grant Hill), diez participaciones en el All-Star, dos veces oro olímpico, segundo jugador con más robos y asistencias en la historia y campeón con Dallas Mavericks. Su camino, inevitablemente, termina en donde todas las leyendas se reúnen. Desde aquel joven de secundario hasta este hombre laureado, un repaso por toda la trayectoria de uno de los mejores bases que ha dado este juego.

 

GRANDES LEYENDAS, MEJORES AMIGOS

7 de noviembre de 1991. Magic Johnson sacude al mundo con la noticia de que es portador de VIH y no volverá a jugar profesionalmente. Eran años en los que la enfermedad aún no se conocía con precisión, y muchos de los Magic creía sus amigos más cercanos se alejaron. Sin embargo, fue alguien con el que rivalizó durante toda su carrera quien se mantuvo ahí, firme ante las adversidades. Larry Bird, la leyenda del otro lado de la vereda. Ese tipo arisco con el que tantas veces luchó dentro de una cancha, conocido más por sus silencios que por sus demostraciones afectivas, le reveló a Magic una enseñanza sagrada: la amistad está por encima de todo. Y brilla aún más fuerte en los peores momentos.

LOS INICIOS DE DIRK NOWITZKI EN LA NBA

Apenas siete jugadores en la historia de la NBA han alcanzado los 30,000 puntos. Sólo uno de ellos no es estadounidense. Y, a pesar de que el dato describa en gran parte su grandeza, no alcanza para englobar lo que Dirk Nowitzki significa para el básquet. Todo comenzó en 1998, cuando aquel joven de 20 años dejó Alemania para seguir sus sueños en Estados Unidos.

OSCAR SCHMIDT, EL MANO SANTA

Que el máximo anotador en la historia del básquet no sea de la patria creadora del juego es, de inicio, una demostración de que ese hombre pertenece a la élite de este deporte. Ofensivamente imposible de parar, Oscar Schmidt forjó una carrera sumamente exitosa sin haber participado jamás de la NBA. En su época, la normativa prohibía a los jugadores de la liga estadounidense jugar para su seleccionado nacional, y Schmidt prefirió defender los colores de su país antes que hacerse camino entre las estrellas. ¿Qué hubiera pasado si el brasileño hubiese decidido jugar en la NBA? Él mismo lo aclara: «Hubiera sido uno de los diez mejores jugadores de la historia.»

SHOWTIME

Durante la década del 80′, Los Angeles Lakers adoptó una filosofía que marcó a la franquicia para siempre: el Showtime. Pero aquella forma de ver las cosas no se circunscribía únicamente a lo que sucediera sobre el parqué. Era una conjunción de elementos que iba desde el espectáculo (con bailarinas y shows en los descansos) hasta la presencia de celebridades de Hollywood en la primera fila del Forum, por aquel entonces el estadio oficial del equipo. Todo era impulsado por Jerry Buss, el propietario mayoritario de la franquicia. Así, con Buss desde las gradas y Magic Johnson como líder en la cancha, los Lakers forjaron una imagen que transformó a la NBA por completo.

 

 

CONTRA LA MAREA

La carrera de Alonzo Mourning es una descripción perfecta de lo que significa «sacrificio»: no sólo por su estilo de juego, tan combativo como inteligente, sino por su tenaz lucha contra una enfermedad renal que casi lo deja sin básquet y sin vida. También por volver, y por alcanzar la gloria catorce años después de llegar a la NBA.

UN SUEÑO COMPARTIDO

Quienes los conocen aseguran que, dentro de una cancha, cuentan con una ventaja que los separa de los demás. Un sexto sentido, ese que normalmente se les atribuye a los gemelos. Exista o no, hay algo que está claro: las historias de Markieff y Marcus, los hermanos Morris, no se pueden contar por separado.

 

EL GEN ASESINO

Tal vez, en la historia de la NBA no haya habido dos jugadores tan similares entre ellos. Y es que, desde que aquel joven nacido en Philadelphia se salteó el básquet universitario para llegar a la mejor liga del mundo, las comparaciones han sido moneda corriente. Las épocas, los títulos y la presión mediática han . Aunque, pese a la influencia de cualquier factor externo, la relación entre Kobe Bryant y Michael Jordan siempre ha sido fraternal. El deporte -y los amantes del juego-  se los agradecerá eternamente.

 

ODIO A LEBRON JAMES

Camisetas quemadas en su tierra prometida. Millones de críticos que se centran en su egocentrismo, a pesar de sus reiteradas contribuciones a la sociedad. Presidentes, periodistas y otras tantas voces de la opinión pública que minimizan su figura al punto de asegurar que lo único que puede hacer es picar una pelota.

LeBron James es uno de los deportistas más influyentes de la historia y, al mismo tiempo, el target más codiciado del odio colectivo en estos tiempos. ¿Por qué? En CROSSOVER, tratamos de explicarlo mientras emprendemos un viaje a través de su camino.

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«El genio es una entidad como la naturaleza, y quiere, como ésta, ser aceptado pura y simplemente. Una montaña se toma o se deja. ¡Hay gente que hace la crítica del Himalaya piedra por piedra! Todo en el genio tiene su razón de ser. Es porque es. Su nombre es el reverso de su luz. Su fuego es una consecuencia de su llama. Su precipicio es la condición de su altura», enunció alguna vez el legendario poeta, escritor y dramaturgo francés Víctor Hugo. Dentro de tan potente descripción de la genialidad, se pueden encontrar pasajes que encajan como propios en múltiples historias del deporte.

LeBron James, que reúne los requisitos necesarios para ser considerado un genio deportivo, no escapa ni mucho menos a lo que Hugo pensaba de estos unos trescientos años atrás. LeBron es porque es, pero también porque fue. Su pasado, tal vez como con tantos otros, ha moldeado su figura hasta definirla por completo. Esa llama que supuso su infancia curtió su cuero y encendió el fuego de su vida, una oda a la superación constante. Y, si bien estas leyendas conmueven por la distancia que hay entre el lugar de donde salieron y el que hoy los cobija, también incita al desprecio. Sentimiento cobarde, claro está, cuando su combustible es el resentimiento por lo que el otro pudo conseguir. Como la de cualquier otra superestrella, la carrera de LeBron ha tenido picos de glorificación. También -y quizás en mayor medida- los ha tenido de odio, de minimización y de regocijo ante algunos de sus tropiezos.

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Hasta ahí, lo que este mundillo se ha resignado a entender como «normal»: quitarle mérito a los logros del otro como si eso engrandeciera a tus ídolos, festejar sus derrotas como triunfos propios, despreciar al mejor rival a causa de un miedo encubierto y tantas otras miserias. Pero no. No alcanza. De ninguna manera podemos afirmar que el odio a LeBron James comprende sólo lo que sucede allí, dentro de una cancha. Como a casi ninguna figuras deportiva, el concepto de hateo se ha adosado a todos sus pasos y el campo de acción de estas termitas del rencor que lo profesan se ha extendido hasta la esencia más privada de su persona. Por momentos, James es un polígono de tiro. No importa si su equipo ganó un campeonato, si él rompió un récord o si acaba de fundar una escuela para niños necesitados, siempre habrá alguien que encontrará -o mucho peor- inventará argumentos para el «pero…»

Podemos, quizás, trazar un antes y un después en lo que respecta a este fenómeno gracias a un momento en concreto. Desde que aquel muchacho del instituto Saint Vincent-Saint Mary comenzó a tomar trascendencia a nivel nacional, todo lo que lo rodeara era transmitido, cubierto, publicado y analizado. Siendo de Akron, la elección de Cleveland en el Draft de 2003 se entendió como la llegada del hijo pródigo que iba a romper el maleficio que recaía sobre las vitrinas del deporte en Ohio. El nivel de ansiedad y excitación era tal que siete años, una aparición en las NBA Finals y dos MVPs de temporada después, el principal culpable de que los Cavaliers no consiguieran el tan anhelado campeonato se llamaba LeBron James. Y, tras meses de reflexión y lucha interna, llegó el día en el que la joven estrella pasó de ser criticado deportivamente a convertirse en el Judas de la NBA.

«Esto es muy duro», repetía LeBron una y otra vez antes de afirmar frente a 13,1 millones de televidentes que dejaría Cleveland para unirse al Miami Heat. Detrás de aquel especial de ESPN conocido como The Decision estaba la intención de James de explicar, en primera persona, por qué elegía irse. Lo sentía más humano que un anuncio oficial, blanco sobre negro. Cuando su entorno más cercano le presentó la idea de hacerlo en el primetime y a través de una cadena mundial, él puso una condición excluyente: lo recaudado era para ayudar a la comunidad. Y así fue. Se destinaron 2,5 millones de dólares para Boys and Girls Club of America, organización estadounidense que diseña programas de complemento escolar para jóvenes de todo el país. Además, otros 3,5 millones recaudados por ingresos publicitarios fueron donados a diferentes causas benéficas. Nada de eso tuvo la repercusión que sí le dieron los medios al odio generalizado. Se había desatado una carnicería que incluía tanto a fans desamparados como a periodistas y directivos.

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Repasar las tapas y los programas de aquel mes nos permite entender dos cosas: que el producto LBJ es extremadamente vendible y que los medios de comunicación son grandes generadores de violencia. LeBron ya no era el hijo pródigo, sino un traidor hijo de puta. O mejor dicho SON OF A BEACH, como tituló su portada el New York Post al ver que el mejor jugador del momento no llegaría a los Knicks. Tampoco era King James. Ahora, según el GM Dan Gilbert, era un «autoproclamado falso Rey que no significaba nada más para los chicos que un mal ejemplo.» Y no acababa ahí: «No se preocupen. Se llevará la maldición a South Beach y Cleveland ganará un campeonato antes que él.»

En todo momento y desde todos los rincones, se vendió -porque, en definitiva, también se compraba- que James era un hombre sin sentimientos más que un profundo egocentrismo que había dejado huérfana a una comunidad para alimentar su ambición. En el plano deportivo, leyendas como Michael Jordan o Magic Johnson bajaron un mensaje claro: ellos jamás se habrían unido a otras estrellas para ganar. Muy por debajo de esa superficie de carroñeros, lo real: que LeBron decidiera buscar un campeonato tras arrastrar siete años a un equipo totalmente dependiente de sus actuaciones no le hacía olvidar, ni por un segundo, de dónde había salido.

Contrariamente al relato dominante, su involucramiento en los problemas sociales de la zona era cada vez mayor. Donaciones a escuelas que ascienden a 41 millones de dólares. Programas ideados por su fundación que enfocan su energía en mejorar el proceso escolar de los jóvenes. Gran parte de esas iniciativas no salían a la luz por el temor del propio LeBron a que esto se entendiera como limosna. Pero no. Sea lo que fuera, él siempre estuvo encima. Y, a medida que aumentaban, sus intervenciones se abrían un hueco entre las noticias. En agosto de 2011, su fundación inauguró un Boys and Girls Club en uno de esos barrios de Akron en los que pasó su infancia. También aportó 240,000 dólares para reacondicionar el descuidado Joy Park Community Center, un punto neurálgico en la vida social del área. Cuando le preguntaban, casi siempre respondía lo mismo: «Todavía falta mucho. Es necesario que le devuelva aún más a mi comunidad.»

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El primer año de James en el Heat provocó lo mismo que provoca lanzar un barril de gasolina al fuego. En temporada regular, Miami registró el tercer mejor récord de la NBA, sólo por detrás de San Antonio Spurs y de los Chicago Bulls del MVP Derrick Rose. Aunque la conformación del Big Three y el hype creado entorno a ello hacía ver lo bueno como regular y lo regular como malo, transitaron los Playoffs sin sobresaltos: 4-1 a Philadelphia 76ers, a Boston Celtics y a los mencionados Bulls en las Finales de Conferencia.

LeBron aterrizaba nuevamente en las NBA Finals y todo lo que no fuera ganar iba a ser visto como un fracaso. Y no tanto como uno colectivo, sino más bien como algo que pertenecía especialmente a él. Así fue. Durante los partidos definitorios, James mostró su versión más descafeinada (17,8 puntos por juego) y Dallas Mavericks se aprovechó de eso para reventar los sueños del primer anillo. Porque de esa manera se cubrió la noticia en aquellos días. No era la sorpresiva derrota del Heat y su constelación de estrellas lo que vendía, sino el supuesto maleficio que merodeaba alrededor de ese muchacho llamado a ser El Elegido.

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Al mote de traidor se le sumó el de fiasco. Luego del traspié en aquellas Finales, LeBron fue azotado mediáticamente incluso hasta por ir a entrenar con una sonrisa en el rostro. No es broma. Durante el lockout de 2011, el periodista Stephen A. Smith improvisó un intento de despedazamiento a su legado: «Es como si quisiera ser coronado sin haber ganado nada. Perder esas NBA Finals de la manera que lo hizo y volver con una sonrisa en su cara es algo que no entiendo. Los campeones no hacen eso.» 

Y James sabía que su juego no había estado a la altura de su grandeza. Fue el primero en reconocer que no había realizado ni una «jugada que cambie el juego» durante toda la serie. Por primera vez en su carrera, empezaba a sufrir las consecuencias de haber sido catalogado como algo que no era: «Me encerré en mi casa y no vi a nadie por dos semanas después de la derrota. Fue una de las cosas más duras que viví. La gente piensa que soy el villano y yo, que sé que no soy esa persona, pasé de jugar con felicidad a hacerlo con ira.» Pero no había escapatoria. Y, durante los próximos tres años, tuvo que aferrarse a ese sentimiento. Dentro de la cancha, claro. Fuera de ella, LeBron seguía siendo el joven adulto que veía al mundo cada vez con mayor claridad.

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Dos campeonatos, dos MVPs de temporada regular y dos MVP Finals. Entre 2012 y 2013, consiguió todo lo que había ido a buscar a South Beach. Aquellos años de escrutinio interno habían terminado. No así las críticas, que siempre encontraban alguna chispa para prender la llama del odio que tanto dinero mueve. Pero, esta vez, LeBron estaba entero. Había madurado como jugador, pero mucho más como persona. Entendía mejor que nadie la maquinaria del desprecio que se había montado sobre su figura y optaba por responder con paz: «Es lo que es. No puedes manejarlo. Sin embargo, cualquier crítica pierde importancia cuando te pones a pensar que yo no debería estar aquí. Es así. Si miramos las estadísticas, no se supone que alguien como yo llegue a esto. Estoy bendecido. Eso es todo lo que vale.» 

LeBron había crecido, sí, pero nunca dejó de ser un niño de Akron. Y ya había cumplido todas las metas que se había trazado en su carrera, excepto una: romper la sequía de títulos que atormentaba a Cleveland desde 1964. La derrota en las NBA Finals de 2014 a manos de esos históricos Spurs de Tim Duncan, Tony Parker, Manu Ginobili y Kawhi Leonard terminó de convencerlo. Era hora de volver a casa. Entonces, el villano empezó a ver como el discurso comenzaba a cambiar de foco.

«Algunas personas vinieron a decirme que debía hacer lo que me hiciera feliz. Y yo creo que sí, pero también creo que debo hacer lo que haga feliz a mi ciudad, a mi estado. Por eso estoy aquí. Los amo, he vuelto.» Ante 30,000 personas, el hijo pródigo vivía su redención. Una que jamás debió necesitar, pero que llegaba como un abrazo al alma.

Durante sus años en Cleveland, su impacto social se acrecentó al máximo. LeBron se convirtió en la voz de la lucha por la igualdad. Denuncias contra el abuso policial, declaraciones que hacían reflexionar sobre el alarmante grado de racismo que actualmente vive la sociedad estadounidense, protestas contra la portación de armas y plantadas ante el horror. Y ese horror, o más bien quienes lo profesan, lo ubicaron como el enemigo principal. Nacía su versión activista. Esa que, tal vez, causa más odio que ninguna otra. Desde entonces, James usa su fama para que el mundo escuche a los que no tienen voz. Y para ciertas esferas del poder, no hay peor pecado que hacer visibles a los silenciados. Mucho más si el que lo hace es uno de ellos, un número en rojo entre las estadísticas. Alguien que, como siempre recalca el propio LeBron, no debería estar en donde está. 

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Pero volvamos a lo estrictamente deportivo. Desde 2011, el equipo del Este que había llegado a la cita máxima de la NBA contaba con James en su plantilla. Como era de esperarse, los Cavaliers gozaron del mismo destino en todas las temporadas seguidas a su regreso. Sin embargo, las NBA Finals de 2015 supusieron otro bocado para los detractores del Rey. Golden State Warriors celebró en el duelo entre «franquicias malditas» y la gerencia de los CAVS decidió echar al entrenador David Blatt durante el mes de enero de la campaña siguiente. A estas alturas, no era trabajo de un detective descubrir a quién culparía la opinión pública. Se utilizó la influencia de LeBron en la organización y la posterior elección de Tyronn Lue (su amigo) como reemplazo para establecer que una orden suya causó la destitución. Pese a que el mismo Blatt declaró en 2018 que no se sintió desplazado por James, el mote de echa-técnicos aún persigue a la figura del 23.

Si el odio vende, también lo hace la épica. Y quizás no haya otra palabra que describa mejor la actuación de Cleveland en las Finales de 2016. Todo amante del básquet sabe lo que sucedió: esos Warriors, que habían firmado el mejor récord de temporada en la historia de la NBA, tomaron la delantera por 3-1 en la serie. En 70 años de competencia, ningún equipo había remontado una desventaja semejante durante un cruce por el campeonato. Contra todo pronóstico, LeBron James tomó las riendas del destino y estampó su sello en las páginas doradas del juego al liderar a los Cavaliers hacia el tan ansiado título. Por primera y única vez en su carrera, la aceptación era total. Parte de los medios, expertos en agigantar las cosas, daban por hecho su ascenso hacia el trono de mejor jugador de todos los tiempos. Ahora, el término King parecía insuficiente, y quien poco tiempo atrás había sido tirado a la hoguera era exaltado hasta convertirse en una especie de divinidad. No más críticas infundadas. No más odio visceral. Estaba claro: no iba a durar mucho. Y hay múltiples ejemplos -tanto en sus siguientes años en Cleveland como en su nueva etapa con Los Angeles Lakers- que lo confirman. Pero, para LeBron, nada más importaba. En el interior, el círculo se había cerrado. 

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Detrás del éxito deportivo, su impacto socio-cultural era ya imposible de dimensionar. Lejos de ignorarlo, siguió por la misma senda de siempre. Mejorar la vida de los otros, al punto de que nadie más que ellos controlen su destino. Y por allanarle el camino a los que sufrieron lo que él sufrió de niño, por pronuciarse en tópicos tabú para los atletas, por creer firmemente que su papel iba más allá de lo que hiciera dentro de una cancha, LeBron se ganó el odio más peligroso y dañino de todos: el del poder.

«Esto es lo que pasa cuando intentas dejar la secundaria un año antes para unirte a la NBA. LeBron y KD, ustedes son grandes jugadores. Cállense y piquen la pelota.» La editorial de Laura Ingraham, periodista de Fox News, explotaba como una bomba de realismo puro. Segregación del Siglo XXI. ¿La causa? El discurso crítico de dos superestrellas deportivas -pero, particularmente, de LeBron- ante el racismo explícito del presidente Donald Trump. Aquella despreciable performance ocurrida en febrero de 2018 es material de sociología avanzada, pero emite un mensaje terriblemente esclarecedor: la élite dominante ve como una amenaza a las minorías con ideas propias y visibilidad para exponerlas. Y James, como representación máxima de ese concepto, es altamente irritante.

¿Por qué un hombre que se preocupa por su comunidad y sirve a ella -tarea política que muchos funcionarios públicos olvidan- es de los personajes más odiados de esta época? ¿Se puede, de alguna manera, comprender este fenómeno desligándolo de lo racial? ¿No es este caso -magnificado a niveles mundiales por sus características- otro más en la triste historia del menosprecio y la discriminación? Quizás así, al bucear mucho más profundo de lo que supone una bronca deportiva, se puede llegar a la génesis del desprecio. Porque por mucho que se quiera ocultar, él es un negro exitoso en una sociedad ultraracista. Una que suele ver a los deportistas afroamericanos como mercancías y no considera justo que tengan decisión sobre dónde jugar o con quién hacerlo. Una que no tenía entre sus planes que un homeless de Akron construya un imperio empresarial y que, muy lejos de encerrarse en él, luche por los derechos de los olvidados en el rincón más oscuro. Tener el control de su vida y mostrarlo con orgullo es, en definitiva, lo que convierte a LeBron James en un blanco perfecto del odio irracional. Uno que pica la pelota como pocos en la historia, pero que definitivamente no se callará.

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TEX WINTER, EL PADRE DEL TRIÁNGULO OFENSIVO

Crear es, por motivos obvios, mucho más complicado que destruir. Pero crear algo capaz de destruir murallas dispuestas a frenarte de cualquier manera es sólo para los iluminados. Y Tex Winter, la mente maestra que ideó la tan conocida como exitosa fórmula ofensiva denominada El Triángulo, es el ejemplo perfecto. Esta es su historia.

CHUCK DALY Y EL ARTE DE LA SEDUCCIÓN

Mucho se habla de la injerencia de los entrenadores en el funcionamiento de sus equipos. Y, al hacerlo, se destacan temas como el conocimiento del juego, la comunicación y el liderazgo, todas características válidas y vitales. Sin embargo, hay una cualidad que, aún más en ligas como la NBA, separa a los buenos de los grandiosos: saber exactamente cómo manejar a cada uno de los egos que conforman a un plantel estelar. Y, en eso, Chuck Daly era sencillamente un maestro.

Sin la necesidad de discursos autoritarios o de gestos prepotentes, supo controlar a la perfección las emociones de un equipo plagado de estrellas como los Detroit Pistons, a los que encaminó a la obtención de dos títulos a base de un estilo férreo e incómodo para cualquier rival. Lo hizo, también, al mando del plantel con más leyendas que jamás haya visto este deporte: el Dream Team que presentó Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

Aquel veterano con cabello de rockstar entendió desde muy temprano que este es un deporte de jugadores. Al final, son ellos los que salen a la cancha y definen los partidos.  Un coach es una guía, alguien que planta una idea y se encarga de explotar al máximo las virtudes de cada uno de sus dirigidos. Pero, antes que todo, un gran entrenador debe comprender que lo que tiene enfrente es grupo de seres humanos. Y Chuck Daly lo hizo como pocos.

 

SAM BOWIE, EL DRAFT DE 1984 Y UNA CRUZ LLAMADA JORDAN

En la NBA, una liga regida por las comparaciones, a Sam Bowie le tocó lidiar con la peor de todas. Es que el pívot, elegido por Portland en la segunda posición del Draft 1984, tuvo que soportar durante toda su carrera los éxitos del muchacho seleccionado tras él: nada menos que Michael Jordan. Ese peso, sumado a un sinfín de lesiones, limitaron al mínimo el impacto de Bowie en la élite. Su historia quedará marcada por lo que podría haber sucedido más que por lo que efectivamente ocurrió.

THE GLIDE

En una liga tan competitiva como la NBA, sobresalir por el deseo de ganar es una cualidad de la que pocos pueden presumir. A lo largo de su carrera, Clyde Drexler demostró ser uno de esos que viven para superarse. Día tras día. Noche tras noche. Partido tras partido. Y, pese a que el tan preciado campeonato le fue esquivo durante gran parte de su trayectoria, supo ser paciente y conseguirlo en sus años de veterano. Esta es la historia de uno de los mejores jugadores que hayan jugado este juego.

DE ALCANZAPELOTAS A PRESIDENTE

De alcanzapelotas de Seattle Supersonics a presidente de Golden State Warriors, la franquicia que actualmente domina la escena: la historia de Rick Welts parece utópica, pero es tan real como valiosa. Este personaje, vital para el desarrollo de la NBA, la WNBA y el básquet internacional, atravesó todos los estratos de la liga para transformarse en un pilar fundamental del éxito.

 

LOS DIEZ MOMENTOS DE D-WADE

Dwyane Wade apenas recibió tres ofertas universitarias cuando estaba en la secundaria. Unos años después, se coronó como el MVP de las NBA Finals que le dieron al Miami Heat el primer campeonato de su historia. El legado de D-Wade excede cualquier título, pero ese hito sirve para entender su lugar entre los mejores jugadores de la historia. En CROSSOVER, decidimos rendirle homenaje a su carrera a través de sus diez mejores momentos en la NBA.

THE LAST SHOT

Hay momentos que pasan intrascendentes en la existencia. Otros, imprescindibles en el deporte, pueden englobar por completo una historia inmensa. El último tiro de Michael Jordan con la camiseta de Chicago Bulls, ese que valió su sexto título y el de la franquicia durante las Finales de 1998, sirve para definir con exactitud lo que significó su dominio en la NBA.

La foto, casi artística, es una postal de ello: los jugadores de Utah rendidos ante su grandeza, la afición local aterrada por lo que se sabe inevitable y él, como siempre, dueño del tiempo y de la última palabra. The Last Shot, en la voz del mismísimo Michael Jordan.

THE HUMAN HIGHLIGHT

Plástico, potente, atlético, talentoso. Dominique Wilkins fue, como jugador de básquet, todo lo que alguien que sueña con serlo puede pedir. Era al que todos miraban cuando buscaban una jugada sobresaliente, esa que jamás habían visto. Y esta es su historia.

 

DERRICK WHITE

La historia grande de San Antonio está marcada, entre otras cosas, por saber encontrar el talento oculto. Eso se tradujo en los comúnmente llamados «robos del Draft», encabezados por leyendas como Manu Ginobili y Tony Parker. A esa lista hay que agregarle la última aparición, la de Derrick White, el muchacho que pasó desapercibido durante gran parte de su carrera y que llegó a los Spurs para quedarse.

T-MAC

«Tracy McGrady es, por lejos, el jugador más duro que tuve que enfrentar. Cuando tienes esa combinación de habilidades, todo se torna muy peligroso.» Para alcanzar su condición de leyenda, Kobe Bryant ha hecho un culto de la confrontación, de la competencia y de la utilización del otro como meta para superarse. Por lo tanto, que se refiera a alguien de esa manera significa más que cualquier otro elogio. Y es que, durante toda su carrera, T-Mac demostró ser una de las fuerzas más impactantes que haya presenciado la NBA. Basta con recordar aquella épica remontada de Houston Rockets ante San Antonio Spurs, con McGrady como protagonista principal, para dimensionar su impacto en el juego. Una de las tantas épicas en las que se vio involucrado él, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

 

 

CHOQUE DE TITANES

Allen Iverson y Vince Carter han hecho disfrutar a una generación entera de fanáticos de la NBA. Y eso, definitivamente, no se mide en campeonatos. Sus enfrentamientos han sido antológicos. A cada gran partido de uno, le correspondía una respuesta aún mejor del otro. Así fueron las Semifinales de Conferencia Este de 2001, que cruzaron a Philadelphia y Toronto en el camino hacia el título.

Siete partidos con Iverson y Carter al mando de cada equipo. Un verdadero choque de titanes que no puede caer en el olvido.

Soñando despierto: la historia de Pascal Siakam

La NBA está llena de historias increíbles, de esas realidades que suelen superar a la ficción. Tal vez, la más interesante de los últimos tiempos detalla el viaje de un hombre desde Camerún hasta Toronto: Pascal Siakam, el africano que pudo ser cura y que, finalmente, cumplió su sueño y el de su padre.

 

HIELO EN LAS VENAS

Pocos jugadores han sido capaces de conseguir actuaciones como las que Reggie Miller lograba en los últimos segundos de un partido. Su capacidad resolutiva, sumada a la ferocidad de su juego y su poder de fuego lo convirtieron en uno de los mejores definidores de todos los tiempos. Un verdadero asesino del aro. Sin embargo, durante la infancia nadie veía al joven Reggie como un futuro integrante del Hall of Fame.

Esta es la historia del hombre que vistió la camiseta de Indiana Pacers durante sus dieciocho temporadas en la NBA: Miller, the Killer.

 

 

 

EL HOMBRE DE LA BARBA

Es hijo de una madre soltera porque su padre vivió más tiempo en la cárcel que en su casa. En sus inicios era asmático y apenas podía jugar, pero se desarrolló hasta el punto de ser conocido como «el nuevo Manu Ginobili» por su estilo. Pasaron los años, trabajó duro y hoy es uno de los jugadores más letales de la NBA. ¿Quién es James Harden? Te lo contamos al mejor estilo CROSSOVER.

LARGA VIDA AL REY

La carrera de LeBron James es uno de los procesos deportivos más documentados en la historia. Cada acción, cada movimiento del Rey sobre una cancha está grabado y quedará para siempre en los archivos. Viajamos a 2003, cuando aquel joven que deslumbró en el secundario pisó por primera vez la mejor liga del mundo.

LOS DIEZ MOMENTOS DE LARRY

La historia habla. Y, por más que pasen los años, jamás dejará de contar una verdad ineludible: que Larry Bird ha sido uno de los mejores y más inteligentes jugadores de básquet de todos los tiempos. En CROSSOVER, decidimos ordenar cronológicamente sus diez mejores momentos.

REYES DEL ENGAÑO

Allen Iverson, Kyrie Irving, Steph Curry, Jamal Crawford y tantos otros han perfeccionado al máximo una técnica comúnmente usada por los pequeños para derribar a sus defensores: el crossover. Explicar el por qué y el para qué de esta arma letal es, también, trabajo suyo.

CORAZÓN ABIERTO

Jeff Green se consideraba un jugador sano en la élite del deporte mundial. Un día, le comunicaron que debía realizarse una operación a corazón abierto y que no había certezas sobre su vuelta a las canchas. De pronto, se encontró inmerso en el peor momento de su vida. Te lo contamos.

ROLLERCOASTER

A veces, aquellos que parecen estar destinados a dominar una época se chocan contra la fragilidad de sus cuerpos. Y eso le sucedió a Grant Hill, uno de los jugadores más completos que haya visto la NBA. Las lesiones, que atacaron a sus tobillos durante toda su carrera, no le permitieron mantenerse al máximo de sus capacidades. A pesar de todo, fue merecidamente inducido al Hall of Fame en este año. Y eso da una clara perspectiva de su magnitud.

LA LEYENDA DEL PLAYGROUND

Lejos de los flashes, de las marcas y de la industria mediática existió una atmósfera en la que quienes se creían grandes llegaban al asfalto para convertirse en leyendas. Parece una fábula, pero allí se sentaron las bases del básquet moderno, del estilo y el componente artístico como esencia del juego. El mítico Rucker Park, playground que aún descubre talentos en Harlem, fue el escenario en el que todas esas historias ocurrieron. Una de ellas significó el comienzo de una nueva Era: la del legendario Julius Erving y el nacimiento del Doctor J.

DE PADRE A HIJO

Las historias de padres e hijos que han sido estrellas en el mismo deporte muchas veces se ensucian con comparaciones innecesarias. Pero los Curry le escapan a eso. Tanto Dell, el padre, como Steph, el hijo, han podido mantener una conexión que deja de lado cualquier reconocimiento, récord o campeonato. Uno ha aprendido todo del otro y lo ha llevado a la excelencia. Ese otro disfruta de los logros de su hijo como si fueran propios. Y en cierto punto lo son, porque, según el dos veces MVP, su padre ha sido la causa del amor que él tiene por el juego. La pasión, el inicio de todo. Eso que ellos dos comparten mejor que nadie. De padre a hijo.

MADE IN HOLLYWOOD

Su carrera ha sido de película. No es una exageración. El Óscar que descansa en sus vitrinas lo prueba. Desde que aquel jovencito muy confiado de sus capacidades se salteó la universidad y llegó a la NBA, todo lo que ha ocurrido pareció seguir la pista de un guión hecho en Hollywood: fue drafteado por Charlotte, pero traspasado inmediatamente a Los Angeles Lakers. Cargó -y también creció- con la comparación con Michael Jordan desde sus primeros highlights. Alcanzó la gloria como escudero y como líder. Como «8» y como «24». Con peinado afro y pelado.

También fue subestimado. Y sufrido por esos mismos que abrieron la boca. Estropeado por el rival de la vereda de enfrente y redimido dos años después, en una revancha histórica. Este asesino del aro anotó puntos de todas las maneras, incluso visiblemente limitado por una dura lesión. Hasta se dio el gusto de que la escena final fuera igual de magnífica que todo lo anterior: 60 puntos en el último partido oficial de su vida. No es raro, entonces, que ahora se dedique a inventar historias. Y tal vez lo intente, pero jamás imaginará una como la suya. La del legendario Kobe Bryant y su amor por este juego.

EL MATEMÁTICO

Rajon Rondo puede ser criticado por sus actitudes, pero hay algo que nadie puede negar: dentro de la cancha, es uno de los jugadores más inteligentes de la NBA. Y esa característica lo acompaña desde aquellos años en los que era apenas un niño con el sueño de ser una estrella. Esta es su historia.

ALMA DE LEYENDA

Elgin Baylor nunca fue elegido MVP de la NBA. Durante sus trece años como profesional, participó de ocho NBA Finals sin lograr ganar ninguna de ellas. Aun así, nadie en su sano juicio podría excluirlo de la lista que reúne a los mejores jugadores en la historia de este deporte. Y eso obedece a dos simples razones: que no todo se mide en títulos y que el legado de Baylor ha sido tan potente que todavía se mantiene en el tiempo.

 

D’ANGELO RUSSELL

Reconocido. Esperado. Aplaudido. Criticado. Menospreciado. Regalado y, finalmente, aceptado y querido. En apenas tres temporadas, la carrera de D’Angelo Russell ha transitado todas las etapas posibles. Hoy, aquellos que lo subestimaban y no le tuvieron paciencia ven como su juego se eleva a niveles de estrella. Pero, ¿cuál es la historia detrás de la figura de los Brooklyn Nets? ¿Cómo llegó a la mejor liga del mundo? Te lo contamos al mejor estilo CROSSOVER.

CONTRA LAS APUESTAS

En la actualidad, la NBA es una liga en la que predominan los jugadores afroamericanos. Sin embargo, sus inicios fueron muy distintos. Los blancos dominaban la escena, el racismo estaba más vivo que nunca y los atletas negros eran fuertemente discriminados. Don Barksdale fue uno de los pioneros que derribó los prejuicios y sentó las bases de lo que hoy vemos. Esta es su historia.

 

RUN TMC

Antes de Kevin Durant, de Stephen Curry y de Klay Thompson, los fanáticos de Golden State Warriors no dudaban cuando debían responder cuál era su Big Three más famoso: RUN TMC, aquel trío conformado por Tim Hardaway, Mitch Richmond y Chris Mullin que, amparados por la libertad que les ofrecía Don Nelson, deslumbraron en los años 90′ por su estilo veloz, desfachatado y sumamente ofensivo.

EL PRIMER CAMPEÓN

«Que los New York Rens ganaran hizo que todos le prestaran atención a los jugadores negros. El sacrificio que John Isaacs y todos los integrantes del equipo hicieron puso al básquet entre los deportes más importantes», dice Kareem Abdul-Jabbar. Y si de historia y de quebrar prejuicios se trata, es necesario escuchar su palabra. Viajamos al pasado para conocer a uno de los primeros campeones profesionales del juego.

EL DESTRUCTOR

Fue una de las tantas estrellas que no pudo conseguir un campeonato por vivir la Era Michael Jordan. Aun así, Patrick Ewing completó una carrera que lo depositó merecidamente en el Hall of Fame: Rookie del Año, once veces All-Star, miembro del Dream Team y máximo anotador en la historia de los New York Knicks. De Jamaica al Olimpo de la NBA, esta es su historia.

 

THE SHOT

Sus catorce temporadas en la NBA fueron más bien discretas para lo que se esperaba de él. Es que, si hablamos de básquet universitario, pocos han tenido una carrera tan brillante como la que tuvo Christian Laettner en Duke. Esos años le valieron dos campeonatos, múltiples reconocimientos individuales, la participación en el Dream Team y, quizás, el tiro más recordado en la historia de la NCAA.

JAMAL MURRAY

Con apenas 22 años, Jamal Murray se ha transformado en una fuerza ofensiva imparable. Junto a Nikola Jokic, lidera a Denver con una prestancia poco común y escala posiciones entre las estrellas de la NBA. Pero, a pesar de su juventud, el camino que Murray transitó para llegar hasta la mejor liga del mundo fue muy largo. Y en CROSSOVER te contamos su historia.

 

NBA DE CALLE

Desde hace cuatro décadas, una liga realizada en el sur de Los Angeles domina el verano estadounidense. Como en los viejos tiempos, se cruzan en la cancha jugadores de la NBA, viejas estrellas de la élite y leyendas del básquet callejero para transformar a ese evento en un espectáculo indispensable: la Drew League.

 

THE BROW

Anthony Davis ha sido el hombre de este mercado de traspasos y también lo será en el próximo, cuando finalmente New Orleans decida cuál es la mejor oferta que las franquicias ponen sobre la mesa. Pero, ¿qué sabemos sobre la estrella de los Pelicans? ¿Cuál es la historia detrás del jugador al que todos quieren en su equipo? En CROSSOVER, te contamos el pasado de La Ceja.

AQUEL BIG THREE

En tiempos en los que Los Angeles Lakers y Boston Celtics volvían a ocupar el lugar que la historia les había dado, estos últimos contaban con un trío de jugadores que estaban listos para destrozar al rival de turno. No importaba quién fuera, ellos jugaban de la misma forma. Y, normalmente, eran superiores a la mayor parte del resto. Robert Parish, leyenda de la NBA y el hombre con más partidos jugados en la historia de la liga, recuerda aquellos años compartidos con Larry Bird y Kevin McHale.

CORNERSTONE

Dentro de una disciplina muchas veces menospreciada como el básquet femenino, Rebecca Lobo hizo lo posible para que sus logros individuales sirvieran como un trampolín hacia el reconocimiento colectivo. Ya sea en la universidad, con el Team USA o como parte de la WNBA, Lobbo se encargó de que las miradas apuntaran hacia donde ella estaba. Esta es su historia.

ALL-STAR WEEKEND: REFLEJOS DEL PRESENTE

Para el mundo de la NBA, el All-Star Weekend es un termómetro. Una forma de medir las tendencias de la época, de tomarle el pulso a las masas y de avistar nuevos horizontes. Ese termómetro se mantiene inalterable a lo largo de los años: sirvió en 1984 para confirmar que el Concurso de Volcadas sería un éxito rotundo, en 1987 y 1988 para tener una noción de lo que significaría Michael Jordan, en 1992 para entender que el público necesitaba despedirse de Magic Johnson y de los gloriosos años 80′ y sirve ahora para ratificar al triple como el absoluto dominador de la escena.

Desde hace varias temporadas, en la mejor liga del mundo reinan los tiradores. El crecimiento exponencial de los porcentajes de tiro, sumado al éxito incontestable de un equipo como Golden State Warriors, obligó a las demás franquicias a borrar las fronteras que existían entre la utilización del triple como un recurso más y el posicionamiento del mismo como el principal arma ofensiva del juego.

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Joe Harris anotó 26 puntos en la final del Concurso de Triples.

Este fenómeno ha invadido todos los aspectos de la NBA, incluido el All-Star Weekend. Y la jornada de Concursos de esta edición es el ejemplo perfecto. Histórica y justificadamente glorificado, esta vez el de Volcadas se evidenció pequeño y despoblado ante la armada de excelsos tiradores que conformaron el de Triples. Basta decir que, en él, participaron tres campeones de ediciones previas (Devin Booker, Stephen Curry y Dirk Nowitzki) y cuatro participantes (Curry, Nowitzki, Dame Lillard y Khris Middleton) de este All-Star Game. Mientras tanto, los mates fueron realizados por tres novatos (Hamidou Diallo, John Collins y Miles Bridges) y un sophomore (Dennis Smith Jr), el único con experiencia en la ceremonia.

Pero los organizadores de la liga no se quedaron con eso. Optaron por ir más allá y reforzar al que hoy se muestra como el Concurso más atractivo de todos: antes de la competencia oficial, leyendas del triple como Ray Allen, Dell Curry, Mark Price y Glen Rice tuvieron su chance de disparar al aro como acción benéfica para contribuir en la lucha contra el cáncer.

Lo que en la previa se suponía obvio, pudo confirmarse al terminar la jornada. Por un lado, Curry, Buddy Hield y el campeón Joe Harris impactaron al público con ráfagas de aciertos y una final apretada. Por el otro, Smith Jr, un gran volcador, estuvo más tiempo intentando sus mates que haciendo crujir el aro y sólo una salvajada atlética de Diallo salvó a los fans del aburrimiento.

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Hamidou Diallo voló sobre SHAQ y obtuvo un 50, la puntuación máxima.

Afirmar que la espectacularidad de las volcadas ha muerto es tan falaz como creer que la NBA sigue exponiéndolas como sus «highlights» insignia. Guste o no, ésta es la Era del tiro, el rango ilimitado, los jugadores sin posición fija y Curry o James Harden como sinónimos de modernidad.

“La gente lo compara conmigo, pero creo que Steph está en una categoría propia de juego.” – Ray Allen, máximo triplero en la historia de la NBA

Con la posibilidad de incluir a leyendas de la talla de Vince Carter, la liga decidió darle una importancia menor al Concurso que, años atrás, era el plato fuerte de los sábados de estrellas. Inevitablemente llegarán atletas extraordinarios, con destrezas suficientes como para volver a encender la llama de los mates. No obstante, la NBA entiende que, en estos tiempos, el show está detrás de la línea de 7,24 metros. Y cada vez más lejos.

EL PRIMER ALUMNO

LeBron James. Tracy McGrady. Kobe Bryant. Kevin Garnett. Moses Malone. Todos ellos, talentos incuestionables, decidieron saltarse la universidad para pasar directo de la secundaria al profesionalismo. Y cada uno de estos jugadores debería agradecerle al joven que lo hizo cuando nadie lo creía posible: Spencer Haywood. Esta es su historia.

EL ALMIRANTE

Antes del legendario Big Three compuesto por Tim Duncan, Tony Parker y Manu Ginobili, San Antonio era comandado por un hombre con aptitudes pocas veces vistas. Le decían El Almirante y su impacto en la franquicia dio inicio a una de las dinastías más importantes en la historia de la NBA. Viajamos al pasado para recordar la carrera de David Robinson.

THE DREAM

La NBA está viviendo una época en la que las fronteras entre las posiciones son cada vez más difusas. Pívots versátiles y capaces de salir para mucho más que poner cortinas como Nikola Jokic y Joel Embiid son aquellos que están llevando su puesto hacia un nuevo nivel de evolución. Sin embargo, hubo un hombre que marcó un antes y un después en ese aspecto. Gracias a él, muchos «grandotes» comenzaron a entender que sus techos estaban mucho más alto de lo que pensaban. Hakeem Olajuwon. The Dream. El Príncipe de África. Como sea. Este es un breve repaso a uno de los mejores jugadores de la historia.

PADRES DEPORTIVOS

Según las duras estadísticas, sólo una ínfima cantidad de chicos y chicas que comienzan a jugar un deporte llegarán a ser profesionales. Sin embargo, la gran mayoría de aquellos que deciden participar de una actividad deportiva lo hacen para mantener su mente enfocada y lejos de los problemas. Los entrenadores cumplen una función crucial en muchas de esas vidas: contienen, educan, guían y sirven como faro. Paul Pierce, leyenda de la NBA que alguna vez fue uno de esos niños, demuestra la importancia de los mentores a través de su ejemplo.

ZION WILLIAMSON

En la Era de la comunicación masiva, muchos jugadores se han vuelto famosos -o mejor dicho virales- por vídeos en los que demuestran sus espectaculares cualidades atléticas a través de volcadas violentas. Zion Williamson es, quizás, la mejor representación de este concepto. Sus vuelos hacia el aro son moneda corriente en las redes sociales de cualquier amante del básquet. Sin embargo, ninguno de esos vídeos alcanza para definir a quien se exhibe como una de las mayores promesas que se hayan visto en el último tiempo. Pero, para conocerlo, mejor viajemos a su pasado.

CREAR ESTRELLAS

«Es reconocido por desarrollar estrellas de la NBA. Sin él, no podría estar donde estoy ahora», dice Joel Embiid cuando se le pregunta por Bill Self. Y su frase no puede ser más acertada: durante los últimos dieciséis años, el entrenador de la Universidad de Kansas ha potenciado una gran cantidad de jugadores que, luego, llegaron a la mejor liga del mundo: el propio Embiid, Mario Chalmers, Marcus y Markieff Morris, Ben McLemore, Andrew Wiggins, Josh Jackson y De’Aaron Fox, entre otros.

Sin embargo, producir para la NBA no es lo único que destaca a Self. Sus números en Kansas lo ubican como uno de los mejores entrenadores en la historia del básquet universitario: lleva catorce títulos de la Conferencia Big 12 consecutivos, lideró a los Jayhawks hacia tres Final Four de la NCAA y en 2008 obtuvo el campeonato nacional.

LOS TRUCOS DETRÁS DEL MAGO

¿Qué hace a James Harden uno de los mejores jugadores ofensivos de la historia? ¿Por qué parece indescifrable? ¿Cuáles son los trucos detrás de su magia? El MVP de la temporada 2017/18 explica los fundamentos de su juego y defiende la esencia del deporte en una imperdible clínica de básquet.

DOBLAR EL HIERRO

En la NBA, los jugadores europeos tenían fama de blandos, de reticentes al contacto físico. Pero eso era antes de que Sarunas Marciulionis llegara a la liga en 1989 y destruyera todos los prejuicios absurdos. Esta es la historia del jugador que abrió las puertas para las nuevas generaciones de extranjeros a base de talento y esfuerzo.

LOS DIEZ MOMENTOS DE SU MAJESTAD

Esta vez, el protagonista no es otro que el más legendario jugador de todos los tiempos. Te vamos a contar el camino de Michael Jordan al mejor estilo CROSSOVER. Para eso, ordenamos cronológicamente los diez mejores momentos en la carrera de quien es, para muchos, el jugador más importante en la historia de la NBA y del básquet.

LINAJE SAGRADO

Pocos pueden presumir de haber conocido al creador del juego. Sin embargo, lo de John McLendon va más allá de anécdotas y recuerdos, porque aprendió mucho de lo que luego supo aplicar del mismísimo James Naismith. Esta es la historia de un entrenador legendario que aún se mantiene presente en el desarrollo del juego.

SANGRE CELTA

Ya sea como jugador, como entrenador o como embajador del básquet, Tom Heinsohn ha representado mejor que nadie a una organización legendaria como los Boston Celtics: participó de ocho campeonatos durante la época dorada de la franquicia. Lo hizo sobre el parqué. Luego, se sentó en el banquillo para conseguir otros dos campeonatos como coach. Cerró su carrera profesional en 1978, tras completar uno de los caminos más exitosos en la historia de la NBA.

EL GURÚ

En 1960, Tom «Satch» Sanders llegó a la NBA como jugador. Casi sesenta años después, podemos decir que el ocho veces campeón de la liga fue mucho más que eso. A su exitosa carrera como miembro de los Boston Celtics, le agregó años de entrenador y una trayectoria invaluable capacitando a aquellos jóvenes que, como él, llegaban al Olimpo del básquet sin mucha idea de lo que eso significaba.

CREAR SOBRE EL AIRE

Estamos acostumbrados a entender el «alley-oop» como una vía natural para anotar. La pelota en el aire y el hombre volando, listo para darle destino de red. Veneramos imágenes históricas como la que une a Dwyane Wade y LeBron James en Miami y nos regodeamos con las conexiones entre Ben Simmons y Joel Embiid, pero ¿sabemos cuándo y cómo se popularizó esta jugada? Para entenderlo, debemos conocer la historia del hombre que llevó el alley-oop a la excelencia. Un All-Star, un Hall of Famer llamado Guy Rodgers.

NIKOLA JOKIC

Nikola Jokic es un jugador único. Su tamaño y muchas de sus características lo ubican como un pívot natural, pero su capacidad para dirigir el juego y encontrar libres a sus compañeros lo convierte en un base gigantesco. Denver Nuggets construye sobre él. Y si de futuro se trata, tanto la franquicia como el jugador no tienen techo. Pero, durante su infancia, Jokic estaba muy lejos de cumplir todos estos sueños: merendaba tres litros de Coca-Cola y tomaba al básquet como un hobby. Descubrí el pasado del Joker, en otra edición de Historias del Futuro.


SIN LÍMITES

Si te interesa saber por qué la NBA es como la conocés. Si te interesa saber por qué, en algún momento, se rompió la barrera racial. Si te interesa entender por qué hay un antes y un después de algunas figuras. Si -más que nada- te interesa comprender una mente adelantada a su época, es necesario que te sumerjas en la historia de Mannie Jackson.

EL ARTE DE GANAR

sPor casi cuarenta años, Muffett McGraw ha enseñado con el ejemplo cómo se maneja un grupo para conseguir un objetivo. Y, en su carrera, los únicos dos objetivos siempre fueron ganar y cambiar la vida de sus dirigidas. Así, sumó 24 apariciones en el torneo nacional de la NCAA, quince viajes al Sweet 16, siete al Final Four, un título nacional y muchas jugadoras que entienden sus años con ella como un antes y un después en su carrera.

MISTER PACER

Si uno habla del básquet en Indiana, o trata de precisar todavía más y se queda con la historia de los Pacers, caerá en una grave equivocación si no menciona la importancia vital de la figura de Bob Slick Leonard. Desde sus años como universitario, pasando por aquellas temporadas gloriosas en la ABA y hasta su faceta como comentarista, Leonard forjó un carácter que no le corresponde a ningún otro: el de Mister Pacer.

DE FRENTE AL ARO

En tiempos en los que la NBA se estancó en las absurdas virtudes de los hombres grandes bajo el poste, Zelmo Beaty logró sobrevivir a base de innovación. Sin la altura para competir con los gigantes de su época, moldeó su juego para poder anotar y conseguir rebotes en cantidad. Tal fue el impacto logrado por Beaty, que fue seleccionado para el All-Star tanto en la NBA como en la ABA, liga donde también fue MVP y campeón con Utah Stars.

EL CAÑONERO

No existen muchos jugadores que representen tan bien a una institución como lo ha hecho Louie Dampier con la ABA. Como cañonero premiere de la liga, ayudó a promocionar e impulsar el tiro de tres puntos y lo elevó a niveles nunca antes vistos. Experto en el clutch, sus intervenciones definitorias en juegos cerrados son recordadas aún hoy. Fue vistiendo la camiseta de los Kentucky Colonels que alcanzó la gloria, al ser campeón en 1975.

LA ROCA

La carrera de Mitch Richmond lo ubica en un selecto grupo de jugadores que transitó casi todas las facetas de la gloria: fue Rookie del Año en Golden State Warriors, MVP del All-Star en Sacramento, campeón olímpico con Estados Unidos y finalmente alcanzó la gloria en la NBA con Los Angeles Lakers. Sin embargo, ser el líder indiscutido de una franquicia en declive como lo eran los Kings lo transforma en una verdadera leyenda, capaz de transmitir toda su pasión y su deseo de ganar a un equipo entero. Esta es su historia.

EL PRIMER SHOWMAN

Hubo un tiempo en el que el mundo del básquet estadounidense sentó las bases para el espectáculo deportivo que hoy disfrutamos. Fueron años de pioneros, de revoluciones y de figuras cruciales. Goose Tatum, parte fundamental de los Harlem Globetrotters, fue aquel que allanó el camino que conducía hacia la unión del show y el juego. Esta es su historia.

LLEGAR PARA QUEDARSE

Actualmente, la NBA es una de las ligas más cosmopolita del mundo. Sin embargo, hubo años en los que los jugadores del extranjero eran mirados de reojo. Son aquellos que destruyeron la frontera de la minimización los responsables de que los planteles estén plagados de foráneos. Y Hedo Turkoglu, el primer turco en jugar en la NBA, es uno de ellos.

SUPERMAN

«Hasta la llegada de LeBron James, no había aparecido un jugador con las destrezas físicas de George.» Son palabras de Julius Erving, leyenda de la NBA, sobre George McGinnis. Su juego, tan potente como efectivo, lo transformó en el prototipo del alero moderno. Conocé su historia.

EL NOMBRE DE LA LEY

Normalmente, las aclamaciones de una tribuna están destinadas a jugadores estrellas o entrenadores consagrados. Sin embargo, cuando Dick Bavetta salía a una cancha, todos estaban de acuerdo con que su presencia enaltecería al juego. Como árbitro de la NBA, participó de 2635 juegos, cifra récord en la historia de la liga. Su ética de trabajo y el respeto que inspiraba en los demás lo convirtieron en una verdadera leyenda de este juego, sin la necesidad de anotar una sola canasta.

La NBA según Erving

Nevaba. Día tras día, el cálido cemento del ‘playground’ al que llegaba cruzando la calle lo esperaba en el mismo lugar de siempre, como un atril espera a su artista. Aunque, esta vez, el clima se había puesto en su contra. Sí que nevaba. Y muy fuerte. Pero la nieve (ni cualquier otro fenómeno natural) no es un impedimento para que un niño de doce años desate su imaginación. Y para este joven de Long Island no había mejor lienzo que un parqué, ni mejor pincel que un balón naranja. Así que tomó su bicicleta, pedaleó hasta el otro lado del barrio y abrió de par en par las puertas del gimnasio del Ejército de Salvación. “¿Podemos mi amigo y yo jugar aquí?”, preguntó tímidamente. El entrenador lo miró fijo. Había algo en ese joven que le obligaba a aceptar la oferta, a contramano de cualquier prejuicio de la época. Inmediatamente, los otros integrantes del equipo conocieron a sus dos primeros compañeros negros. Así, y sin saberlo, aquel niño dio el primer paso de un viaje en el que las únicas constantes serían él y el cambio. La historia del nuevo testamento del baloncesto.

“Probablemente, si no hubiera existido el Doctor J, jamás hubiésemos tenido a Michael Jordan y yo no podría haberme fijado en nadie a quien imitar”. LeBron James dio en la tecla. Sabe que existen momentos y personas que parten el tiempo en dos, que le muestran al mundo algo que jamás había visto y que transforman su entorno para siempre. Eso fue Erving para la NBA. Una revolución que no solo tomó por asalto cada minúsculo detalle del juego, sino que también extendió sus manos hacia el racismo, la profesionalización y el rol social de cada deportista. El baloncesto en Estados Unidos es antes y después de Erving. Del trámite monótono y ortodoxo a los ‘highlights’ y las volcadas como insignia del show. De la imagen embarrada y poco gustosa de los jugadores a él, convirtiéndose en el icono nacional de la clase. De la minimización y el encasillamiento que supone “jugar y cerrar la boca” a los activistas sociales, ávidos de escupirle la cara a la indiferencia. Todo fue obra de un hombre común, un ídolo de carne y hueso que no amuró su cabeza. El desarrollo de la historia demuestra cómo Erving pasó a ser la vara de todos. Tanto de rebeldes sin causa, inspirados por su imaginación, como rectos defensores de las formas que encontraron en su figura un espejo en el cual mirarse. Y quizás ese sea su principal talento, el que lo hizo englobar a propios y extraños en una misión: la de ser como el Doctor J.

“Probablemente, si no hubiera existido el Doctor J, jamás hubiésemos tenido a Michael Jordan y yo no podría haberme fijado en nadie a quien imitar” – LeBron James

En sus años como universitario, las reglas le obligaron a dividirse cual Doctor Jekyll y Mr Hyde. Julius jugaba bajo las prohibiciones (no se podía volcar el balón), sin aventuras aéreas y apocado a lo que la NBA y su camino previo ofrecían en esos tiempos. Pero, apenas pisaba la calle, el Doctor se hacía con el mando. Fue así como, en el mítico predio de Rucker Park, los amantes del estilo callejero encontraron a su mesías. Las expresiones de asombro después de cada invento del Doctor J se transformaron en un clásico de esas largas noches. Ansioso por encontrar una vía de escape, el juego utilizó su cuerpo como medio para romper las cadenas del pragmatismo. El boca a boca alcanzó a los dueños de la ABA, quienes desesperados por agregarle a su producto un poco más de espectáculo atrajeron a aquel joven acostumbrado a tener problemas para llegar a fin de mes. “Mi madre ganaba muy poco y el gerente de Syracuse me ofreció un contrato garantizado de 125.000 dólares. Prioricé lo económico sobre el deseo de quedarme en mi hogar”.

El estilo poco convencional y desafiante de Erving encontraba un escenario más grande, aunque menospreciado por los verdaderos dueños de la pelota. La anaranjada, claro. Mientras tanto, con la de colores él se iba a encargar de que esa discriminación se transformara en envidia. Porque el Doctor J era un pack completo. Sus movimientos dentro de la cancha estaban acompañados por un peinado afro de músico emergente, vestimentas elegantes y un trato gentil ante cualquiera que se acercara. Y entre tantos escándalos extradeportivos y mal rollo con la prensa, su figura resaltaba aún más. De pronto, la decisión de ver o no un juego, de ir o no a un estadio, dependía exclusivamente de su presencia. Más aún cuando cambió Syracuse por New York y los Nets se transformaron en la principal atracción de la Gran Manzana. Sumergida en una monotonía pasmosa, la NBA tomó nota. Aprovechó la asfixia económica que sufría la ABA por carecer de un contrato televisivo y, con la fusión de 1976, salvó su imagen para siempre al izar la bandera del espectáculo y los valores humanos. Erving, abanderado indiscutido, supo que su próxima función era en el teatro más prestigioso de todos, ante la mirada escrutadora de veinte mil pares de ojos y otros tantos miles a través de las cámaras. Y entonces, aquella leyenda de tintes semidivinos entró por la retina de los contemporáneos para no irse jamás. Ya nada iba a ser igual.

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El paso de los años arrasa con esas historias que no conmueven lo suficiente para quedarse alojadas en la memoria de quienes las vivieron. Pero, así como el tiempo no tiene piedad ante lo intrascendente, sí premia a aquellos que desafían su existencia. Los hace eternos. Aquella revolución, que llevó el 32 y luego el 6 en la espalda, es una de las grandes causas por la que millones de jóvenes observan maravillados la NBA de hoy. Pequeños amantes del juego con el mismo sueño que incitó a Julius Erving a buscar un techo para desafiar un aro sin congelarse en ese invierno en Long Island. Es verdad. Los años han pasado. Pero la chispa se enciende continuamente con LeBron James, Kevin Durant o cualquier otro. Ya no importa quién. Porque en cada volcada, en cada intento de llenar los ojos de esos niños, el Doctor está ahí, operando como todas las noches.

Leandro Carranza para SKYHOOK Magazine

EL ESCULTOR

Ganar y formar no es para cualquiera. Se necesitan años de experiencia y una visión que abarque tanto las metas de un equipo como las cualidades y el potencial de cada jugador. Todo eso se complica aún más cuando esos jugadores son jóvenes recién llegados a la universidad y con ganas de comerse el mundo. Sin embargo, existe un entrenador que se las ha arreglado -y todavía se las arregla- para conseguir el éxito en la NCAA y desarrollar futuras estrellas de la NBA. Su nombre es John Calipari, y esta es su historia.

SOMOS TESTIGOS DE LA HISTORIA (OTRA VEZ)

La NBA nos ha convertido en repetidoras de conceptos. Su constante espectacularidad permite que nos demos el lujo de desgastar algunos que, en otros escenarios, sólo utilizaríamos para algo verdaderamente único. Anoche, Klay Thompson decidió que el juego entre Golden State Warriors y Chicago Bulls era el momento propicio para una de sus típicas explosiones ofensivas y, en apenas 26 minutos, rompió el récord de triples en un partido al encestar catorce. 52 puntos en tres cuartos. Tan solo unas noches antes, su compañero Steph Curry -dueño de la marca que ayer quebró Thompson- había alcanzado una cifra similar: 51 puntos, once triples y a sentarse durante todo el último parcial. Somos testigos de la historia. La NBA lo hizo de nuevo.

Rozar la excelencia deportiva no es nada sencillo. Y eso ocurre esencialmente porque, en estos tiempos, ese éxito que se busca dentro de una cancha no puede existir sin una gestión acorde fuera de ella. Y, desde 2009, Golden State Warriors demuestra con sus actos que entiende a la perfección esa simbiosis. Fueron aciertos tras aciertos los que convirtieron a aquel equipo que transitaba las temporadas sin pena ni gloria en este, soberano absoluto de la NBA. Fallar es normal, mucho más de lo que nos quieren hacer creer. Sin embargo, los Warriors llevan casi una década riéndose de eso.

Con el barco apuntando hacia la dirección correcta, es necesario encontrar a alguien que sea capaz de hacerlo suyo sin desviarse del camino. Que sepa adaptar sus experiencias y conocimientos a una nueva forma de ganar. Que no peque de temerario, ni se desligue de sus responsabilidades. Ese fue y ese es Steve Kerr, entrenador y maestro en proporciones iguales.

Pero, por mucho que se planifique, sin materia prima no hay exito. Y en los deportes, el jugador es la esencia de todo. Para bien o para mal, el que decide y ejecuta. Miembros de una liga tan llena de talento como de egos, los Golden State Warriors han encontrado en su plantel el factor clave para convertir el éxito en una presencia recurrente. Y no es otro que el sentido de equipo. Podemos quedarnos con la unicidad de Curry, la eficacia de Thompson o con ese ridículo arsenal de recursos llamado Kevin Durant, pero nada explica mejor el dominio de este grupo que la realidad de que todos ellos se sienten compañeros antes que estrellas. Engranajes de algo superior, que va mucho más allá de sus individualidades. Y mientras eso se mantenga, los Warriors continuarán escribiendo páginas doradas en el libro de este juego.

La NBA nos obliga a repetir conceptos: somos testigos de la historia. Aunque, esta vez, sólo se puede contar apropiadamente en forma de equipo.

Por Leandro Carranza.

SUAVE COMO LA SEDA

Pocos han ganado tanto como Jamaal Wilkes. Un campeonato como Rookie con Golden State Warriors y otros tres en su madurez con Los Angeles Lakers lo transforman en una leyenda digna del Hall of Fame; su juego, tan suave como la seda, en uno de los jugadores con más estilo de la NBA.

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EL MONARCA

Las lesiones obstaculizaron el andar de Bernard King hacia la gloria, pero jamás pudieron frenarlo completamente. Es que el neoyorkino aguantó cada golpe a base de canastas y, finalmente, fue premiado con el único reconocimiento que se adecuaba perfectamente a su carrera: el Hall of Fame de la NBA.

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EL OMNIPRESENTE

Desde 1963 hasta la actualidad, Rod Thorn pasó por todos los roles de importancia que conforman a la NBA: fue jugador, asistente, entrenador, GM, Vicepresidente de la liga y Presidente de Operaciones. Ya sea en New Jersey, donde conformó un equipo que estuvo a punto de conseguir el título, o en Chicago, franquicia a la que bendijo con la elección de Michael Jordan en el Draft, Thorn ha sabido engrandecer la figura de la NBA. Y esta es su historia.

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DETRÁS DE LA CORTINA

«Dino fue un ganador desde el primer día hasta el último partido», sentencia Toni Kukoc. Y la carrera de Radja, uno de los mejores jugadores europeos de la historia, respalda su palabra. Miembro fundamental de aquella asombrosa Yugoslavia, Dino se convirtió en un ejemplo para los niños que soñaban con picar una pelota. En 1993 llegó a Boston Celtics, para demostrar que su talento no respetaba fronteras. La inducción al Hall of Fame es una prueba de todo lo que Radja hizo por el básquet y de lo necesario que es conocer su historia.

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EL OJO

Con Michael Jordan como figura principal, la Era dorada de Chicago Bulls fue gestada por un grupo de personalidades indispensables. Una de ellas, por elección propia, oficiaba desde el rincón menos visible, sin que sus brillantes decisiones lo bañaran de luz y fama.

Así fue como Jerry Krause, GM de esos Bulls históricos, diseñó aquella dinastía que quedará en la memoria de los aficionados como una de las más dominantes que existió en la NBA.

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EL ARQUITECTO

Si Boston Celtics es la franquicia más ganadora en la historia de la NBA es, en gran parte, por Red Auerbach. Desde que llegó a los orgullosos verdes hasta que se fue en 2006, las vitrinas del Garden pasaron de estar vacías a contar con dieciséis títulos. Tras su muerte, los Celtics lograron ganar apenas un campeonato más. Ya sea como entrenador, como GM o como presidente, Auerbach se las ingenió para encaminar a Boston hacia el triunfo. Su historia, tan extensa como interesante, explica una época de la NBA en la que nadie que pisara un estadio era más astuto que Red.

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LOS DIEZ MOMENTOS DE KOBE

En 1996, llegó a la NBA con una sola meta: ser como Michael Jordan. Se fue de ella veinte años más tarde con cinco campeonatos, un MVP, dos MVP Finals y una enorme cantidad de récords que dejan en claro una cosa: mas allá de su primer anhelo, Kobe Bryant será recordado exclusivamente por ser Kobe Bryant. Y esa simple certeza es la que define su legado. En CROSSOVER, ordenamos cronológicamente sus diez mejores momentos en la mejor liga del mundo.

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KRISTAPS PORZINGIS

 

Es uno de los mejores jugadores de la NBA y apenas tiene 23 años. Y aunque es la esperanza de los Knicks, una de las franquicias más emblemáticas, pocos le dieron su apoyo cuando llegó. Pero su historia en el básquet es mucho más profunda. Y si querés saber por qué Kristaps Porzingis se convirtió en el unicornio de New York, este es tu video.

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EL CIELO COMO LÍMITE

Pocas carreras tienen la potencia suficiente como para hablar por sí solas. La de Kareem Abdul-Jabbar, por lo contrario, está sobrada: tres títulos en la NCAA, seis campeonatos de la NBA, seis MVP, dos MVP Finals, récords y más récords. Un recorrido por su trayectoria permite bucear por los momentos más históricos de este deporte.

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POR UNA MONEDA

Magic Johnson llegó a la NBA en el Draft de 1979 y su impacto en Los Angeles fue inmediato: su primera temporada lo consagró como el único jugador en la historia en conseguir el MVP Finals siendo un novato. Luego, completó una de las mejores carreras que la liga haya visto. Sin embargo, hubo un 50% de probabilidades de que todo eso no ocurriera, Y es que, créanlo o no, el destino de Magic se decidió tirando una moneda al aire.

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LA EVOLUCIÓN DEL VUELO

Desde su creación en 1976, el Concurso de Volcadas ha tenido momentos épicos: vuelos interminables, batallas de época y trucos originales e increíbles. Vince Carter, uno de los máximos exponentes en la materia, analiza aquellas actuaciones históricas para entender la evolución de las volcadas a lo largo de los años.

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SABER GANAR, SABER PERDER

Brad Stevens es uno de los mejores entrenadores de la NBA. Bajo su mandato, Boston se ha transformado en uno de los equipos más duros para el rival, capaz de encontrar la forma de prevalecer ante las adversidades que se presentan. Podemos decir todo a pesar de que los Celtics ni siquiera han alcanzado unas NBA Finals con él en el banquillo. Y precisamente de eso se trata esta charla: Stevens desnuda el exitismo existente alrededor de los deportes de alta competencia. Una verdadera clase de valores.

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EL GIGANTE GENTIL

La NBA le debe mucho de su atractivo a la vieja ABA, aquella liga que entendía el básquet como un espectáculo que trasciende al juego. Lo mismo sucede con los jugadores: las nuevas estrellas han caminado el sendero que construyeron las leyendas del pasado. Artis Gilmore es una de ellas. Y es necesario conocer su historia.

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LUKA DONCIC

Antes de su llegada a la NBA, muchos veían complicada su adaptación. Bastaron algunos partidos para borrar completamente esas dudas y confirmar lo que viene demostrando desde que debutó como profesional: que Luka Doncic es una joya generacional, un jugador con el talento suficiente para marcar una época. ¿Cuál es su historia? ¿Cómo llegó a Dallas Mavericks? ¿Qué hay detrás del europeo que deslumbra en la mejor liga del mundo? Te lo contamos al mejor estilo CROSSOVER.

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LA HISTORIA DETRÁS DE LA LEYENDA

Michael Jordan es, quizás, el deportista más reconocido de todos los tiempos. Su impacto, tanto en el juego como en los negocios, ha sido tan grande que muy pocos dudan al escuchar su nombre. Pero, mucho antes de los campeonatos y la fama, Jordan era Mike, un niño que soñaba con ser lo que luego fue.

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LOS DIEZ MOMENTOS DE MAGIC

No hace falta enumerar trofeos para saber que Magic Johnson es uno de los jugadores más laureados en la historia de este deporte. Una carrera como la suya está llena de momentos épicos. Por eso, en CROSSOVER decidimos elegir los diez mejores y ordenarlos cronológicamente.

 

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YAO, EL GIGANTE

Apoderarse de un producto que parece impropio no es para cualquiera. Mucho menos si se habla de la NBA, una de las ligas más mediáticas del mundo. Pero Yao Ming demostró durante toda su carrera que él no era como cualquier otro. Así, entre caras de asombro e incredulidad, llegó a Estados Unidos. Y así, con su camiseta colgando en el estadio de Houston Rockets y su nombre en el Hall of Fame, se fue. En el medio, quedarán las ocho participaciones en el All-Star Game. En la historia, para siempre, quedará grabada su imagen como uno de los mejores jugadores internacionales que hayan pisado el parqué de la NBA.

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MÁS QUE UN ATLETA

LeBron James entiende mejor que nadie su rol en la sociedad. Ser uno de los deportistas más exitosos del mundo no sólo trae aparejado éxitos y reconocimiento en su disciplina, sino la posibilidad de ser escuchado por las masas y de tener los recursos para generar un cambio en la sociedad. A diferencia de muchas otras estrellas de su calibre, LeBron acepta la responsabilidad que esto conlleva. Lo hace con un compromiso inusual, porque conoce el otro lado de la valla. Comprende. Recuerda. Ni los millones, ni las mansiones, ni los autos caros borrarán de su memoria aquella dura infancia en Akron, en la que poder establecerse en una casa era el lujo más grande de todos.

La inauguración de «I PROMISE», una escuela en su pueblo natal para chicos con riesgo de exclusión social, es otra muestra de su capacidad de impacto. Pero LeBron no se queda con eso. Usa su palabra para convencer a otras figuras de hacer lo mismo. Porque, como dice él mismo, esta es una oportunidad inacabable.

LOS DIEZ MOMENTOS DE MANU

Cuatro campeonatos, más de mil partidos durante dieciséis temporadas, premios y reconocimientos de todo tipo: la carrera de Manu Ginobili en la NBA está plagada de momentos extraordinarios. En CROSSOVER, decidimos elegir los diez mejores y contarlos en orden cronológico. Pasen y vean.

 

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EL ARTE DEL TRASH-TALK

El deporte de alta competencia no sólo se trata de una disputa física, sino también mental. A menudo, quienes logran mantenerse fuertes de cabeza logran aventajar a sus rivales e imponen las reglas de juego. La NBA mantiene, desde su génesis, un término que define a una de esas prácticas destinadas a provocar que el rival tambalee mentalmente, que «salga del partido»: trash-talk. Muchos lo utilizan, pero pocos han sido capaces de transformarlo en una herramienta que verdaderamente los separe del adversario en la carrera por el triunfo. Y tanto Gary Payton como Draymond Green pueden proclamarse como reyes del trash-talking.

EL CARTERO

Segundo máximo anotador en la historia de la NBA. Miembro del Hall of Fame. MVP en dos ocasiones. Participante del All-Star en catorce oportunidades. MVP y CO-MVP de la ceremonia. Medallista de oro olímpico en 1992 y 1996. Integrante de una de las duplas más recordadas de la liga. En definitiva, uno de esos jugadores que no necesitaron un campeonato para consagrarse como leyenda. Y todo empezó en aquel Draft de 1985, cuando Utah Jazz eligió en el puesto trece a un tal Karl Malone.

DEANDRE AYTON

DeAndre Ayton llega a la NBA como uno de los exponentes del futuro. Es que el número uno del Draft 2018 posee todas las cualidades necesarias para triunfar en la élite del básquet mundial y transformar a una franquicia en declive como Phoenix Suns. Pero, ¿cómo llegó Ayton a convertirse en uno de los mejores prospectos de Estados Unidos? ¿Cómo era su vida en las Bahamas? ¿A qué edad comenzó a jugar al básquet? Conocé su pasado, en otra edición de Historias del Futuro.

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UN NOMBRE, UN DESTINO

Desde que fue elegido en la última posición de la segunda ronda del Draft 2011, Isaiah Thomas no ha hecho más que crecer. No en altura, claro, sino en sus capacidades para convertirse en una estrella de este juego y en uno de los mejores «bajitos» en la historia de la NBA. Pero, ¿por qué su nombre se asemeja tanto al de Isiah Thomas, el base multicampeón con los Bad Boys de Detroit? Descubrilo.

LAS DOS CARAS DE BOOGIE

DeMarcus Cousins es uno de los mejores jugadores de la NBA. Una estrella, un portento físico que parece hecho para triunfar en la liga. Sin embargo, su conducta ha provocado que muchos lo vean más como un problema que como una solución. Luego de irse de Sacramento para hacer dupla con Anthony Davis en New Orleans, Cousins sorprendió a todos al arribar a Golden State, el mejor equipo de la NBA. ¿Podrán los Warriors controlar su comportamiento?

 

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LA INGENIERÍA PERFECTA

El equipo de los tres campeonatos en cuatro años, de las 73 victorias, de la revolución del juego, del dominio absoluto. Golden State Warriors es la nueva dinastía de la NBA y cuenta con uno de los mejores planteles de la historia. Sin embargo, su génesis es muy distinta a la de otros equipos que marcaron una época. Hoy, en CROSSOVER: la ingeniería perfecta.

 

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EL DIOS GRIEGO

Nik Galis era un tipo aparentemente ordinario que, sobre el parqué, se transformaba en un guerrero. Nacido en Estados unidos, pero de padres griegos, su talento bien pudo recalar en la NBA: Boston lo seleccionó en el Draft de 1979. Sin embargo, una lesión en el campamento de entrenamiento lo acercó a sus orígenes. Y allí, en Grecia, se transformó en un héroe nacional. Esta es la historia del Dios griego del básquet.

EL HOMBRE ACERO

Marcus Smart es uno de los jugadores más dinámicos de la NBA. Su juego, tan voluntarioso y necesario, lo han descubierto como una pieza vital en el funcionamiento de los Boston Celtics de Brad Stevens. Sin embargo, hubo un tiempo en el que toda esa energía estaba destinada en la dirección contraria, y Smart era conocido como un joven problemático. Muchos conflictos familiares y poco tiempo para pensar en el básquet. Peleas callejeras, problemas de conducta y el odio como una constante en su vida. Todo cambió una tarde en la que la muerte casi lo atrapa antes de tiempo. Esta es la historia del Hombre Acero.

EL NUEVO CAPÍTULO

La NBA vuelve a recibir un impacto de la magnitud que sólo las superestrellas pueden provocar: LeBron James jugará en Los Angeles Lakers. El Rey se une a un listado de estrellas que han vestido la púrpura y dorada y que va desde Elgin Baylor, Wilt Chamberlain y Jerry West hasta Magic Johnson, Shaquille O’Neal y Kobe Bryant. Pero, ¿por qué LeBron eligió Los Angeles como su destino, por encima de otros como Philadelphia, Houston o San Antonio? Enterate.

DERRIBANDO FRONTERAS

Lo de quebrar prejuicios ya es cotidiano para Becky Hammon. Por eso, no es sorpresa que San Antonio Spurs haya elegido ubicarla en el banquillo del entrenador Gregg Popovich como una de sus asistentes principales. La exjugadora de la WNBA irrumpió en una liga dominada por los hombres y, a base de esfuerzo y mucho conocimiento, demostró que cada paso suyo tiene la fuerza suficiente como para derribar una barrera. Son muchas, pero Hammon, lejos de pretender esquivarlas, las embiste con la solvencia de quien se sabe capaz: en la NBA fue la primera asistente, la primera en dirigir un partido (lo hizo en la Summer League) y la primera considerada para dirigir una franquicia. Y aunque Milwaukee, el equipo interesado, finalmente se decidió por Mike Budenholzer, cada vez falta menos para que esta pionera se transforme en la primera mujer en ocupar el cargo.

 

ANTES Y DESPUÉS DE DUNCAN

El 25 de junio de 1997, San Antonio elegía en la primera posición del Draft a un muchacho de Islas Vírgenes que, tiempo atrás, soñaba con ser nadador profesional. Exactamente dos años más tarde, la franquicia conseguía el primer título de su historia, con él como MVP Finals. No hay mejor ejemplo: la vida de los Spurs se divide en antes y después de Tim Duncan.

 

EL MVP IMPROBABLE

Steve Nash completó una carrera impresionante en la NBA. Durante las diecinueve temporadas que disputó, consiguió innumerables logros individuales: participó ocho veces del All-Star, fue parte del Mejor Quinteto del Año en tres ocasiones y levantó el trofeo del MVP en dos oportunidades consecutivas. Además, su juego moldeó a una generación entera de jóvenes estrellas que crecieron con Nash deslumbrando en TV.

Esta historia está escrita. Pero, apenas unos años antes de que fuera elegido en el Draft de 1996, ni al mayor de los optimistas se le ocurriría creer que aquel canadiense que ocupaba más tiempo en el fútbol que en el básquet sería capaz de protagonizarla. Steve Nash, contra todos los pronósticos.

LA DECISIÓN 2.0

La temporada de LeBron James ha terminado. En ella, ha demostrado que todavía es capaz de dominar la NBA. Sin embargo, las pruebas evidencian que ese dominio individual no es suficiente como para alcanzar otro título. Golden State es demasiado, incluso para el mejor jugador del mundo.

Casi ocho años después de aquella decisión de irse de Cleveland para alcanzar la gloria en Miami, LeBron deberá definir qué hará con su futuro. Y, a esta altura, los posibles destinos se cuentan con los dedos de una mano.

«PARECE QUE DEBO SALVAR A MICHAEL DE NUEVO»

En 1995, Michael Jordan le pegó un puñetazo en la cara a Steve Kerr durante un entrenamiento en el que ambos se estaban marcando muy duro. Dos años después, el mismo Jordan cambió aquel golpe por un pase para que Kerr defina un campeonato, el quinto para Chicago Bulls. Esta es la historia de ese tiro ganador en el sexto juego de las NBA Finals 1997.

EL RENACER DE LIVINGSTON

Shaun Livingston es, en la actualidad, una pieza fundamental en el funcionamiento de la nueva dinastía que domina la NBA: Golden State Warriors. Sin embargo, once años atrás, todo esto no tenía lugar ni en los sueños del base. Por ese entonces, Livingston no pensaba en ganar títulos, sino en poder caminar. Para dejar atrás aquellos días en los que una trágica lesión casi acaba con su carrera y disfrutar estos, gloriosos y en la cima de sus anhelos, emprendió un largo y duro viaje en el que se consagró como un verdadero guerrero de la vida. Y, al renacer de las cenizas como el ave Fénix, demostró que, a veces, la realidad supera a la ficción.

LA DINASTÍA

A lo largo de su historia, la NBA se ha engrandecido con equipos que marcan una época al ejercer un dominio casi absoluto en el juego. Y, a partir de 2018, es preciso afirmar que otra constelación de estrellas se erige como la nueva dinastía: los Golden State Warriors. Este equipo, dirigido con majestuosidad por Steve Kerr y liderado en la cancha por Steph Curry y Kevin Durant, ha conseguido el quinto título de la franquicia, el tercero en cuatro temporadas y el segundo consecutivo. Piezas imprescindibles como Draymond Green, Klay Thompson, Andre Iguodala y un plantel de especialistas completan al campeón reinante de la NBA, una de las mayores expresiones de dominio que este deporte haya visto en los últimos tiempos.

 

DONDE NACEN LAS LEYENDAS

Las definiciones son aquellas instancias en las que prevalecen esos jugadores que nacen para triunfar: tiros decisivos, remontadas históricas y físicos exigidos al máximo. Desde Magic Johnson y Michael Jordan hasta Ray Allen y Paul Pierce, en CROSSOVER les traemos las más grandes jugadas en la historia de las NBA Finals. Que lo disfruten.

Y KD LO VOLVIÓ A HACER

Golden State Warriors ya era un equipo estupendo sin Kevin Durant. En el campeonato de 2015 y la temporada del año siguiente se pueden encontrar argumentos necesarios para asegurar que ese plantel podría conseguir más títulos sin la presencia del 35. Pero lo tiene. Y, con KD defendiendo a la Bahía, los Warriors son prácticamente inalcanzables para cualquier otra franquicia. El tercer juego de estas NBA Finals encontró a Cleveland como pocas veces en estos Playoffs: ejerciendo funciones colectivas, respaldando a su estrella cuando es necesario. Para colmo, Steph Curry vivió la noche como una pesadilla individual y aquel torbellino anotador de los juegos anteriores se secó por completo en Ohio. Todo parecía indicar que, finalmente, había llegado la hora de los Cavaliers. O al menos lo hubiera sido, si Golden State no contara con Durant: 43 puntos, 13 rebotes, siete asistencias y el triunfo -y quizás la serie- en el bolsillo. Las pruebas son claras y reiteradas. La NBA está ante uno de los mejores equipos de todos los tiempos.

EL SUEÑO FRUSTRADO DE LA GRAN MANZANA

Todos los éxitos de Michael Jordan en la NBA han sido logrados con la camiseta de Chicago Bulls. Y, aunque la historia demuestre que el 23 eligió terminar su carrera vestido con los colores de Washington Wizards, esas temporadas en la capital no se asemejan al dominio ejercido en la Ciudad del Viento. Ahora, ¿qué hubiera sucedido si Jordan, en sus mejores años, hubiera decidido cambiar de uniforme? Y no a cualquiera. Al de la franquicia más mediática de todas: los New York Knicks. Increíblemente, esto podría haber ocurrido en 1996. Conocé la historia detrás del llamado que podría haber cambiado para siempre a la NBA.

LA REVOLUCIÓN ATACA DE NUEVO

Luego del caótico final del primer juego, Golden State Warriors exhibió uno de los porqués de su éxito. Steph Curry dominó el segundo juego de las NBA Finals como sólo él y su equipo pueden hacerlo, rompió el récord de más triples en la historia de esta instancia con nueve anotaciones (Ray Allen había marcado ocho en 2010) y se puso en la cima de los candidatos al MVP Finals. La serie se mudará a Cleveland, pero los Cavaliers deberán imponer más que la localía para ganar el próximo encuentro y meterse en la competencia por el campeonato.

TALENTO LATINO

Antes de consolidarse como una pieza fundamental en el funcionamiento de los Boston Celtics de Brad Stevens, Al Horford realizó una carrera sumamente exitosa. El hijo de Tito, primer dominicano en jugar en la NBA, se aseguró un lugar en la mejor liga del mundo luego de conseguir dos títulos consecutivos de la NCAA con la Universidad de Florida. Llegó a Atlanta en el Draft de 2007, ceremonia en la que fue elegido con la tercera selección. Como jugador de los Hawks, participó del All-Star en cuatro ocasiones y su capacidad de liderazgo fue aumentando progresivamente.

Hoy, el ala-pívot dominicano cumple 32 años y en CROSSOVER lo recordamos con una entrevista realizada por la NBA en la que Horford habla de sus inicios en el deporte, de las dificultades que presenta el básquet estadounidense y de sus sueños cumplidos.

CONTRA PROPIOS Y EXTRAÑOS

Últimamente, una actuación sobresaliente de LeBron James no corresponde necesariamente a una victoria de Cleveland Cavaliers. Es que, muchas veces, el 23 debe luchar contra las virtudes de sus rivales y lidiar con los errores de sus compañeros. Sumó 51 puntos, ocho rebotes y ocho asistencias y todo parecía mágico: a falta de pocos segundos y abajo en el marcador por un punto, los CAVS tenían la oportunidad de ponerse al frente si George Hill anotaba los dos tiros libres. Metió el primero, pero falló el último. El partido le dio una segunda oportunidad a los visitantes: la pelota le cayó a J.R. Smith, a pocos metros del aro. Y allí fue cuando la confusión se apoderó de la escena. El perimetral prescindió del tiro, salió de la pintura y comenzó a correr en busca de una falta o de agotar el tiempo del reloj, creyendo que su equipo ganaba por la mínima. Final del juego y tiempo suplementario. Ya no hubo otra chance para Cleveland. La primera victoria de estas NBA Finals quedó en manos de Golden State Warriors. Y la imagen de LeBron, casi pidiéndole explicaciones a su compañero, quedará en la historia.

EL PRIMER THOMPSON

Suerte o destino. Creer o reventar. Hay historias que ponen en cuestión uno o todos esos conceptos. La de Mychal Thompson los atraviesa por completo, como si de una leyenda antigua se tratara. Es que el padre de Klay, actual escolta del multicampeón Golden State Warriors, inició su camino hacia la NBA gracias a un error. Un entrenador de Miami fue a Bahamas, la tierra natal de Mychal, a reclutar a un tal Charles Thompson. Equivocado, apareció en la casa de una familia con el mismo apellido pero con diferentes aspiraciones. Ver a aquel joven de más de dos metros lo hizo olvidar al pobre Charles, quien en 1987 seguramente vio cómo un coterráneo se convertía en el primer extranjero en ser número uno del Draft de la NBA.

Sin que el destino tejiera sus hilos, nada de esto hubiera pasado. Ni Mychal hubiese ganado dos títulos en la mejor liga del mundo, ni sus dos hijos estarían siguiendo sus pasos. Es así: creer o reventar.

VINSANITY

Pensar en la NBA es pensar en el show. Esa idea se expande aún más cuando uno piensa en el All-Star Weekend. Pero, sin dudas, el mayor exponente del espectáculo deportivo es el Concurso de Volcadas, que ocurre anualmente en la mejor liga del mundo. En él se han visto vuelos eternos, trucos sin precedentes y, siempre, caras de asombro.

Sin embargo, hubo un hombre que impresionó a los fans como ningún otro lo había hecho. Esta es la historia detrás de Vince Carter y el Concurso de Volcadas del 2000.

EL INICIO DE LA MÁQUINA

Las NBA Finals del 2015 supusieron el primero de los tres -y próximamente cuatro- enfrentamientos entre Golden State Warriors y Cleveland Cavaliers. El regreso de LeBron James generó una expectativa de campeonato en Ohio, mientras que en San Francisco se gestaba uno de los mejores equipos de la historia. Finalmente, fueron los dirigidos por Steve Kerr quienes se alzaron con el título luego de cuarenta años de sequía. Con Stephen Curry como líder y estrella y un equipo virtuoso rodeándolo, Golden State inició con ese logro un dominio en la NBA. Y, en CROSSOVER, te traemos la película completa de aquellas Finales.

LOS VIAJES DEL REY

Desde hace ocho temporadas, en la Conferencia del Este hay una ley que se mantiene inalterable: contar con LeBron James es un pase directo a las NBA Finals. Año tras año, las demás franquicias que prescinden del Rey han encarado la postemporada con la idea de destronarlo como meta final. Todas han fallado en el intento. Estos Playoffs no son la excepción. Y LeBron, esta vez en Cleveland, disputará nuevamente una definición del campeonato. Otro hito en su carrera, que inevitablemente se ubicará para siempre entre las más impresionantes en la historia del deporte.

EL LOGO

Hacer historia va mucho más allá de ganar o perder. Es una cuestión de principios, de impacto en la memoria del otro. Jerry West perdió ocho de las nueve NBA Finals que disputó, pero pocos transformaron el juego como él lo hizo en su época. Su legado está tan presente en el logo de la NBA, hecho en base a su figura, como en el estilo de muchas de las superestrellas que hoy deslumbran en la liga. Y West no sólo dignificó al deporte en su práctica, sino también en sus valores y en su concepción lúdica. Porque, como cierta vez dijo: «No hay un partido que haya jugado en el que no me haya divertido. Eso era lo importante para mí.» 

UN NIÑO DE AKRON

Sentado en el piso de uno de los once apartamentos en los que vivió durante su infancia, LeBron James quizá imaginó su destino. Los campeonatos, la fama, los contratos millonarios y el reconocimiento mundial. Pero, antes de que todo suceda, ese sueño era tan sólo una forma de escaparle a aquel presente. Como James, muchos niños de Akron sueñan despiertos para colorear un paisaje oscuro, teñido por la pobreza y por los peligros de la calle. Desde su condición de estrella y de hombre maduro, pero más desde ese niño que sufrió lo mismo, que creció sin un padre y sintió la crudeza de la vida es que LeBron James le habla a los niños de su ciudad, un lugar del que jamás se olvidará.

LOS DUEÑOS DEL FUTURO

La camada de novatos que entregó el Draft de 2017 se ha exhibido como una constelación de futuras estrellas. Tanto las primeras selecciones como los robos y las sorpresas han roto récords, han liderado franquicias y, por sobre todas las cosas, han generado enormes expectativas en cuanto a lo que le deparará a la NBA en los próximos años.

EL ORIGEN

La NBA descubrió en el comienzo de la década a quien quizás es el mejor tirador de todos los tiempos. El estilo de Steph Curry quebró todos los esquemas existentes, extendió los horizontes posibles para un tiro y se llevó puesta la mecánica tradicional, récord tras récord. Y Curry no es sólo un excelso triplero. A su principal arma se le suma un alto entendimiento del juego, así como también un arsenal de tiros a los que acude con facilidad mediante la amenaza que supone su triple.

Sin embargo, su camino hacia el estrellato no fue tan esplendoroso. Durante la secundaria, nadie creía que Curry sería un MVP de la NBA, y muy pocos que llegaría a la mejor liga del mundo. En esa época, eran sus debilidades físicas las que resaltaban más que cualquier cualidad. «Muy bajo, malo en defensa, muy débil para esto», solía escuchar el base. Fue mediante el entrenamiento y la repetición casi robótica que Curry pulió sus virtudes y escondió sus deficiencias, hasta convertirse en una pieza única de este deporte.

CONOCIENDO A TRAE YOUNG

En la Era de la comparación, la NBA y su entorno se exponen como una máquina de buscar sucesores. Lo hizo -y sigue haciendo- con Michael Jordan, de la misma forma que lo hace -y hará- con LeBron James y con tantos otros. Luego de nueve temporadas, dos MVP (uno unánime), dos campeonatos y una revolución a cuestas, llegó la hora de que las estrellas emergentes usen de espejo a Steph Curry. Y el Draft de 2018 cuenta con el jugador que se descubre como el clon perfecto del base de Golden State. Su nombre es Trae Young, defendió la camiseta de la Universidad de Oklahoma y su juego está al otro lado de los límites que borró Curry: el triple como arma fundamental, sin fronteras ni restricciones de distancia. La imaginación y no el físico al control de la escena.

Young tiene apenas diecinueve años, y las comparaciones con estrellas suelen provocar más daños que beneficios. Sus condiciones son novedosas, pero se describen por sí solas. Y, a pocos meses de su llegada a la mejor liga del mundo, es necesario conocer al detalle a uno de los nuevos exponentes de la evolución de este deporte.

LONZO BALL

Entre críticas y elogios, Lonzo Ball ha demostrado que su talento es más grande que cualquier aspecto mediático que lo rodee. Su primera temporada lo ha descubierto como un jugador de equipo, capaz de hacer mejor a cualquiera de sus compañeros.

Pero, ¿cuál es la historia de la joya que Los Angeles eligió en la segunda posición del Draft de 2017?

Conocé su pasado, en otra edición de Historias del Futuro.

DE LA CALLE A LA NBA

El deporte está lleno de historias de superación, de cuentos de hadas hechos realidad que sirven como inspiración para los que están por venir. Sin embargo, la vida de Caron Butler es tan real que supera cualquier tipo de ficción. De pequeño, se hundió en los peligros de la calle mientras su madre ocupaba el tiempo en dos trabajos diferentes para poder mantenerlos. La droga lo tomó como otro de sus rehenes. El joven Butler comenzó a traficar marihuana. Luego, pasó a la cocaína. El hogar se fue desdibujando. Pasaba más tiempo en los parques y en la cárcel que en su casa. ¿Qué sucedió entre medio de aquellos años en los que el futuro próximo era oscuro y estos, en los que Butler disfruta de su retiro tras una larga carrera en la NBA? Nada menos que la oportuna intervención de un policía en el momento más delicado de su vida.

 

LA LEYENDA DE LOS DOS LOBOS

Durante la época de Michael Jordan y los Chicago Bulls, de John Stockton, Karl Malone y Utah Jazz, de Hakeem Olajuwon y Houston, una estrella y un joven con futuro de leyenda se encontraron en el mismo equipo. Tardaron poco en darse cuenta de que los dos deseaban ganar con la misma fuerza. El tiempo los vio dominar el mundo del básquet, alzar juntos tres títulos de forma consecutiva y apocar al resto de los equipos. También los vio confrontar, discutir y alimentar sus egos, ya sea como compañeros o rivales. Los vio ganar solos. Los vio envidiarse. Los reencontró y los llevó de nuevo a esos tiempos, en los que decir Shaquille O’Neal y Kobe Bryant sonaba a excelencia. Esta es la historia de una de las parejas más exitosas y enigmáticas del deporte. La leyenda de los dos lobos.

SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES

Kevin Garnett ha construido una carrera digna del Hall of Fame basándose en un simple principio: dejar todo en la cancha para ganar. Y ganar, para Garnett, era derrotar al rival tanto mental como físicamente. Minimizarlo al punto de que sólo viera sus debilidades. Esa manera de jugar, tan intensa, le valió múltiples reconocimientos en la NBA: un MVP de la temporada regular en 2004 y otro del All-Star Game en 2003, un premio al Mejor Defensor del Año en 2008 y un campeonato, conseguido el mismo año con Boston Celtics. Sin embargo, también le costó incontables críticas de quienes tildaban de irrespetuosa su forma de ser dentro de las canchas. Pero a Garnett jamás le importó. Mantuvo esa intensidad durante las 22 campañas que disputó. Y eso lo convirtió en uno de los mejores jugadores en la historia de una liga en la que, según KG, no hay lugar para los débiles.

 

ENTRE LAS ESPINAS

“Te diré algo que ya sabes. En el mundo no todo es color de rosa, es un lugar mezquino y feo y por más fuerte que seas, la vida te pondrá de rodillas y no te dejará  levantar si es que la dejas. Ni tú, ni yo, ni nadie golpea tan fuerte como la vida. Pero lo importante no son los golpes que das, si no lo que eres capaz de soportar sin bajar los brazos. Cuánto eres capaz de resistir sin tirar la toalla. Así es como se gana. Si sabes cuanto vales, exige lo que te mereces. Aguanta los golpes y no comiences a señalar ni a él, ni a ella ni a nadie porque no estas donde quieres estar. Los cobardes hacen eso y tú no eres un cobarde, tu eres mejor que eso.” Sylvester Stallone, personificado en un avejentado Rocky Balboa, dispara esas palabras contra su hijo en la sexta película de la saga del boxeador de Philadelphia.

No hay indicios de que Derrick Rose sea un fanático de Stallone, o incluso de que haya visto el film. Sin embargo, el base nacido en Englewood es la representación perfecta de esa cita. Su carrera, destinada a convertirse en una de las más grandiosas de la NBA, chocó de frente contra un muro de lesiones. Rose pasó de ser la figura de la liga a transformarse en un estorbo para cualquier franquicia. Y, aunque en muchas ocasiones la prensa habló de un posible retiro, ningún obstáculo ha podido frenar al MVP más joven de la historia.

Tal vez jamás vuelva a ser el de antes, pero su camino reivindica la idea de que no importa cuántas veces te caigas, sino cuántas sos capaz de levantarte y volver a intentarlo.

«YO PODRÍA PATEARTE EL TRASERO»

Corría el año 1999. Un año atrás, Michael Jordan había completado una de las proezas más impactantes en la historia de este juego: conseguir un segundo three-peat y alcanzar los seis títulos en la NBA. Pero el tiempo pasó y Jordan llevaba ya un año retirado. Phil Jackson, su entrenador durante todos los campeonatos obtenidos con Chicago, le pidió que acudiera a uno de los partidos de su nuevo equipo, Los Angeles Lakers. ¿El motivo? Aconsejar a la nueva estrella de la liga, un joven llamado Kobe Bryant. Unos pocos segundos bastaron para que Jackson descubriera que ese encuentro no iba a ocurrir como él esperaba…

LA RESPUESTA

Hay personajes que entran en la memoria del público por la fuerza, se hacen un espacio en el recuerdo y siempre estarán allí, inalterables. Por sus excentricidades y sus destellos, por su unicidad y su talento, por su fiereza a la hora de competir y, principalmente, por ser uno de los mejores jugadores en la historia de la NBA, Allen Iverson será recordado eternamente. Y jamás habrá otro como él.

DETRÁS DE LANCE

Del amor al odio y viceversa. Así es la relación de los fans de la NBA con Lance Stephenson. Es que el jugador de Indiana Pacers ha potenciado esa figura de estrella poco convencional dentro y fuera de la cancha como ningún otro: jugadas extravagantes, burlas al mejor rival y puestas en escena al estilo Hollywood. Sin embargo, su historia comenzó muy lejos de las luces.

KYLE KUZMA

Kyle Kuzma pisó la NBA sin que nadie lo supiera, pero sus actuaciones demostraron que llegó para quedarse. Esta promesa de estrella, elegida en los puestos finales de la primera ronda, se ha transformado en el robo del Draft de 2017. Pero, ¿cómo llegó hasta la mejor liga del mundo?

Descubrí su pasado, en otra edición de Historias del Futuro.

VIVIR POR UN SUEÑO

 

 

John Wall es una de las estrellas de la liga más talentosa del mundo, gana millones de dólares por año y vive el sueño de cualquier amante de este deporte. Sin embargo, su infancia fue más parecida a un infierno que al edén en el que ahora descansa. Siendo apenas un niño tuvo que asimilar el encarcelamiento de su padre, quien fue condenado a siete años de prisión por robo a mano armada y asesinato en segundo grado. Poco tiempo después de salir en libertad, murió a causa de un cáncer que lo atacó durante años. Wall estuvo a punto de tirar todo por la borda, incluso su gran pasión. Su madre, y el amor que siempre tuvo por el juego, fueron los motivos por los que hoy puede decir que es la mejor versión de sí mismo.

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NACIDO PARA TRIUNFAR

Aunque sólo tiene 26 años, Kyrie Irving ha acumulado logros que lo convierten en una de las principales estrellas de la NBA: fue elegido en la primera posición del Draft 2011, consiguió el Rookie del Año, participó en cinco ocasiones del All-Star Game siendo MVP en una de ellas y alcanzó la gloria con Cleveland al derrotar en las NBA Finals a Golden State con un tiro ganador suyo en el séptimo partido de la serie. Partió hacia Boston en busca de más títulos, fiel al consejo que cierta vez le dio su padre y que marca cada uno de sus pasos: «Mantente hambriento.»

LAS SENTENCIAS DEL REY

Una de las tantas críticas disparadas hacia LeBron James en el momento de las comparaciones con leyendas como Michael Jordan o Kobe Bryant es la de su ausencia en los segundos definitorios de un partido. El clutch, como suelen decirle en la NBA. Sin embargo, hay demasiadas pruebas para demostrar que el Rey es sumamente certero a la hora de cerrar un juego y que, a pesar de los prejuicios, no le tiembla el pulso cuando la última acción lleva su nombre.

THE JORDAN RULES

«Estaban el Código Da Vinci, la fórmula de la Coca-Cola y las Jordan Rules», cuenta riéndose Joe Dumars, uno de los mejores defensores de aquellos Detroit Pistons eternizados como los Bad Boys. Es que, para alzar el título que luego consiguieron en dos ocasiones (1989 y 1990), era necesario superar el escollo que suponía enfrentar al jugador más desequilibrante de la NBA. Esta es la historia de la famosa estrategia que utilizaron los dirigidos por Chuck Daly para frenar a Michael Jordan.

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LA METAMORFOSIS

En la historia de la NBA, sólo Bill Walton ha logrado acumular el premio al Mejor Sexto Hombre y el MVP de la temporada regular… hasta ahora. James Harden se erige como el máximo candidato a consagrarse como el jugador más valioso de esta campaña. Desde que llegó a Houston Rockets, su desarrollo como líder y estrella ha sido constante. Lejos quedó aquella versión de Oklahoma City Thunder, resguardada por las figuras de Kevin Durant y Russell Westbrook y encasillada en el rol de sexto hombre. Sin embargo, hay algo que no ha cambiado: Harden es el único que conoce su techo. Y todavía le quedan muchas hojas en blanco por escribir.

CUANDO NACIÓ LA AMISTAD

La rivalidad entre Larry Bird y Magic Johnson comenzó mucho antes de aquel famoso partido definitorio del Final Four NCAA entre Indiana y Michigan State. Sin saberlo, ambos veían a la distancia las proezas del otro y lo utilizaban como combustible para superarse. Esa competencia se trasladó a la NBA, transformándose en la más importante de la historia de la liga. Pero la otra parte de la novela, la que los descubrió como amigos, empezó en 1985. Converse buscaba generar un impacto pocas veces visto en un comercial de zapatillas, por lo que contrató a las dos máximas estrellas del deporte de los aros. Y entonces Bird y Magic se vieron forzados a relacionarse más allá de una cancha. Jamás pensaron que ese sería el inicio de una amistad que se mantuvo fuerte durante los momentos más duros y que aún perdura.

ESE TIPO ENÉRGICO

Algunas noches es criticado por su fiereza. Otras, elogiado por su omnipresencia. Pero, a pesar de estos vaivenes, cualquiera que entienda este deporte reconoce que Draymond Green es una pieza única en el funcionamiento de Golden State. Su capacidad para complementarse con sus compañeros en todos los aspectos del juego lo hace vital para el equipo. Esa predisposición a hacer lo que se necesite lo ha acompañado durante toda su carrera, incluso mucho antes de llegar a la NBA. Lo dijo Tom Izzo, su entrenador en la Universidad de Michigan State: «Todos necesitan un tipo que se encargue de las pequeñas cosas. Y Draymond es ese tipo.» 

EL ENIGMA KAWHI

La lesión de Kawhi Leonard -y todo lo que la rodea- se ha transformado en una de las principales historias de esta temporada. Las disidencias entre el jugador y San Antonio en el diagnóstico de la lesión, ciertas declaraciones sugestivas de miembros de la franquicia y la ausencia de Leonard en momentos críticos como los Playoffs han generado un clima de incertidumbre para lo que se avecina. Fiel a su forma de ser, el MVP de las Finales de 2014 se ha mantenido en silencio. Y, mientras su futuro se hunde cada vez más profundo en el misterio, la NBA espera por la resolución del enigma.

EL OFICINISTA

Ninguna leyenda de la NBA tuvo o tendrá menos look de estrella que John Stockton. Pero, aunque su aspecto muchas veces le permitía pasar desapercibido en lugares públicos, era su juego el que hacía que todos se dieran cuenta de que estaba en la cancha. Desde la intrascendencia que reinó durante su elección en el Draft de 1984 hasta la devoción de los fans de Utah por el mejor base que hayan visto, la carrera del hombre con más asistencias y robos en la historia de la liga merece ser recordada para siempre.

Vídeo perteneciente a Movistar + (España)

BEN SIMMONS

«Él es uno de esos jugadores que aparecen una vez en la década. O en la vida. Cuando está en la cancha, es capaz de mejorar a sus compañeros al instante.» Si Julius Erving se pronuncia así sobre un novato, no hay mucho que hacer. Y, cuando se trata de Ben Simmons, no es sólo el Doctor J quien se deshace en elogios. Es que el australiano se ha convertido en uno de los mejores Rookies de la historia, y ni siquiera llegó a su techo. Pero, ¿Simmons siempre jugó al básquet? ¿De dónde viene? ¿Cómo es su familia?

Un talento enorme, con un pasado más que interesante. Descubrilo, en otra edición de Historias del Futuro.

ZAZA, A CONTRALUZ

La historia de Zaza Pachulia, como todas las cosas, tiene varios puntos de vista. Criticado por muchos a causa de su supuesta tendencia a lesionar rivales, Pachulia ha sido el centro de un debate extenso durante la última temporada de la NBA. Sin embargo, tanto el propio jugador de Golden State como su entorno tienen una visión distinta de las cosas.

SHAQ

Hablar de dominio es hablar de Shaquille O’Neal. Durante toda su carrera, el cuatro veces campeón de la NBA se encargó de que ese término lo definiera mejor que cualquier otro: dominar a los pívots rivales, dominar el juego con una mezcla de movilidad y potencia pocas veces vista, dominar a los fabricantes de aros… Su historia, llena de triunfos y de controversias, es una de las más interesantes de este deporte. Ya lo dijo Magic Johnson: «Jamás volveremos a ver otro como Shaq. No estarían ni cerca.»

EL JUEGO DEL MILENIO

Corría el mes de enero del año 2006. En el Staples Center se jugaba un partido de mitad de temporada entre Los Angeles Lakers y Toronto Raptors. Por el momento, nada de otro mundo. Sin embargo, un muchacho con el dorsal «8» se encargaría de grabar para siempre este juego en los libros de la NBA. En CROSSOVER, te proponemos un viaje al día en el que Kobe Bryant anotó 81 puntos, la segunda mayor marca en la historia de la liga.

EL NACIMIENTO DE LA LEYENDA

La victoria de Golden State sobre San Antonio en el quinto partido de la primera ronda de Playoffs supuso el cierre de una temporada más, la número dieciséis, para la carrera de Manu Ginobili en la NBA. El futuro es incierto. Como sucedió antes de esta campaña, el argentino se tomará uno o dos meses para decidir si volver por un año más o colgar definitivamente las zapatillas. De cualquier manera, su paso por la mejor liga del mundo será uno de los más laureados -y respetados- en la historia: cuatro campeonatos, récords de todo tipo, un premio al Mejor Sexto Hombre y el aprecio de toda la organización. Ese camino, que podrá dimensionarse aún mejor con el paso de los años, comenzó en forma de quiebre, de aparición fulgurante. En aquellos días, el deporte estadounidense miraba de reojo al que no fuera de su tierra, y lo mismo hizo con Ginobili. Sin embargo, Manu tardó poco en demostrarles que él también tenía mucho para enseñar.

LA JOYA ESLOVENA

Luka Doncic ha asombrado a todo Europa por dos aspectos: el dominio que imprime en el juego a su corta edad (19 años) y la facilidad con la que se adapta a cualquier situación, posición o tiro. Como si de un veterano se tratara, el base de 2,03 metros lideró al Real Madrid y a la Selección de Eslovenia en la conquista de títulos como la Liga ACB o la Eurocopa. Pero el Viejo Continente ya le queda chico. La NBA lo disfrutará a partir del próximo Draft. Y, mientras muchos de sus compañeros y rivales dicen no haber visto otro como él, Doncic se prepara para llevar su revolución a la mejor liga del mundo.

Vídeo perteneciente a Movistar + (Minuto cero)

JAYSON TATUM

Desde que pisó la NBA, Jayson Tatum se ha encargado de borrar definitivamente los márgenes del término «novato». Es que el joven de Boston Celtics transita su primer año en la mejor liga del mundo como si fuera el veterano más experimentado: su nivel se eleva en los partidos más complejos, es parte fundamental de un equipo con aspiraciones al título y no le huye en ningún momento a esas responsabilidades.

Pero… ¿de dónde salió la nueva estrella de la franquicia más ganadora? ¿Cuál es su pasado? Descubrilo, en otra edición de Historias del Futuro.

CUNA DE ESTRELLAS

Algunas historias de la NBA suelen confundirse con fantasías. Y, aunque esta parezca sacada de un cuento, no dice más que la verdad. Es que la idea de que los líderes de las franquicias que se disputan el trono de la liga desde hace tres temporadas hayan nacido en el mismo hospital suena insólita, pero es cierta. El Summa City Hospital de Akron, Ohio, fue testigo del nacimiento de dos superestrellas de este deporte: LeBron James y Steph Curry. Tanto el 23 de Cleveland Cavaliers y el 30 de Golden State Warriors llegaron al mundo en este edifico, con 39 meses de diferencia. Quién diría que, tres décadas más tarde, estarían eligiendo jugadores para enfrentar a sus quintetos en el All-Star Game. Sólo en la NBA.