BÁSQUET DE ASFALTO

En tiempos en los que ganarse el respeto de los demás significaba deslumbrar en playgrounds de los suburbios, Jamal Crawford creó su reputación de mago con una pelota en las manos. Según dice él y corroboran quienes pudieron verlo, los movimientos que tanto lo hicieron -y hacen- destacar en la NBA no son ni la mitad de los que hacía cuando el escenario era el asfalto.

 

JASON KIDD, EL PRIMER LEBRON

«La gente no lo sabe, pero Jason Kidd fue el primer LeBron James. ¿A qué me refiero? Cuando ‘J’ jugaba en la secundaria, todos se paraban a verlo. Toda la atención estaba puesta en él», suelta Gary Payton, a horas de que ese muchacho al que nombra sea inducido al Hall of Fame. Enfocado desde adolescente, Kidd forjó una carrera espectacular: Co-Rookie del Año (junto a Grant Hill), diez participaciones en el All-Star, dos veces oro olímpico, segundo jugador con más robos y asistencias en la historia y campeón con Dallas Mavericks. Su camino, inevitablemente, termina en donde todas las leyendas se reúnen. Desde aquel joven de secundario hasta este hombre laureado, un repaso por toda la trayectoria de uno de los mejores bases que ha dado este juego.

 

EL DESTRUCTOR

Fue una de las tantas estrellas que no pudo conseguir un campeonato por vivir la Era Michael Jordan. Aun así, Patrick Ewing completó una carrera que lo depositó merecidamente en el Hall of Fame: Rookie del Año, once veces All-Star, miembro del Dream Team y máximo anotador en la historia de los New York Knicks. De Jamaica al Olimpo de la NBA, esta es su historia.

 

SWEETWATER

En una época en la que el racismo era visible en todos los aspectos de la sociedad estadounidense, Nat Clifton se estableció como uno de los atletas más importantes del país. Gracias a su legado fue que, años más tarde, muchos jóvenes afroamericanos pudieron dejar su huella en la NBA. Bill Russell, Oscar Robertson y otras leyendas lo recuerdan como lo que fue: un pionero.

EL MONARCA

Las lesiones obstaculizaron el andar de Bernard King hacia la gloria, pero jamás pudieron frenarlo completamente. Es que el neoyorkino aguantó cada golpe a base de canastas y, finalmente, fue premiado con el único reconocimiento que se adecuaba perfectamente a su carrera: el Hall of Fame de la NBA.

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KRISTAPS PORZINGIS

 

Es uno de los mejores jugadores de la NBA y apenas tiene 23 años. Y aunque es la esperanza de los Knicks, una de las franquicias más emblemáticas, pocos le dieron su apoyo cuando llegó. Pero su historia en el básquet es mucho más profunda. Y si querés saber por qué Kristaps Porzingis se convirtió en el unicornio de New York, este es tu video.

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«NO EN MI CASA»

Llegó a los Estados Unidos con la idea de convertirse en un prestigioso médico que le permitiera cambiar la triste realidad que vivía su país, el Congo, en materia de salud. Sin embargo, logró convertirse en una estrella de la NBA y supo utilizar ese reconocimiento para atacar de lleno al problema. Porque Dikembe Mutombo sabe defender a los suyos tan bien como lo hacía en las canchas. Y esa, para un cuatro veces ganador del premio al Mejor Defensor del Año, es una definición perfecta de su calidad humana.

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EL SUEÑO FRUSTRADO DE LA GRAN MANZANA

Todos los éxitos de Michael Jordan en la NBA han sido logrados con la camiseta de Chicago Bulls. Y, aunque la historia demuestre que el 23 eligió terminar su carrera vestido con los colores de Washington Wizards, esas temporadas en la capital no se asemejan al dominio ejercido en la Ciudad del Viento. Ahora, ¿qué hubiera sucedido si Jordan, en sus mejores años, hubiera decidido cambiar de uniforme? Y no a cualquiera. Al de la franquicia más mediática de todas: los New York Knicks. Increíblemente, esto podría haber ocurrido en 1996. Conocé la historia detrás del llamado que podría haber cambiado para siempre a la NBA.

ENTRE LAS ESPINAS

“Te diré algo que ya sabes. En el mundo no todo es color de rosa, es un lugar mezquino y feo y por más fuerte que seas, la vida te pondrá de rodillas y no te dejará  levantar si es que la dejas. Ni tú, ni yo, ni nadie golpea tan fuerte como la vida. Pero lo importante no son los golpes que das, si no lo que eres capaz de soportar sin bajar los brazos. Cuánto eres capaz de resistir sin tirar la toalla. Así es como se gana. Si sabes cuanto vales, exige lo que te mereces. Aguanta los golpes y no comiences a señalar ni a él, ni a ella ni a nadie porque no estas donde quieres estar. Los cobardes hacen eso y tú no eres un cobarde, tu eres mejor que eso.” Sylvester Stallone, personificado en un avejentado Rocky Balboa, dispara esas palabras contra su hijo en la sexta película de la saga del boxeador de Philadelphia.

No hay indicios de que Derrick Rose sea un fanático de Stallone, o incluso de que haya visto el film. Sin embargo, el base nacido en Englewood es la representación perfecta de esa cita. Su carrera, destinada a convertirse en una de las más grandiosas de la NBA, chocó de frente contra un muro de lesiones. Rose pasó de ser la figura de la liga a transformarse en un estorbo para cualquier franquicia. Y, aunque en muchas ocasiones la prensa habló de un posible retiro, ningún obstáculo ha podido frenar al MVP más joven de la historia.

Tal vez jamás vuelva a ser el de antes, pero su camino reivindica la idea de que no importa cuántas veces te caigas, sino cuántas sos capaz de levantarte y volver a intentarlo.