CHUCK DALY Y EL ARTE DE LA SEDUCCIÓN

Mucho se habla de la injerencia de los entrenadores en el funcionamiento de sus equipos. Y, al hacerlo, se destacan temas como el conocimiento del juego, la comunicación y el liderazgo, todas características válidas y vitales. Sin embargo, hay una cualidad que, aún más en ligas como la NBA, separa a los buenos de los grandiosos: saber exactamente cómo manejar a cada uno de los egos que conforman a un plantel estelar. Y, en eso, Chuck Daly era sencillamente un maestro.

Sin la necesidad de discursos autoritarios o de gestos prepotentes, supo controlar a la perfección las emociones de un equipo plagado de estrellas como los Detroit Pistons, a los que encaminó a la obtención de dos títulos a base de un estilo férreo e incómodo para cualquier rival. Lo hizo, también, al mando del plantel con más leyendas que jamás haya visto este deporte: el Dream Team que presentó Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

Aquel veterano con cabello de rockstar entendió desde muy temprano que este es un deporte de jugadores. Al final, son ellos los que salen a la cancha y definen los partidos.  Un coach es una guía, alguien que planta una idea y se encarga de explotar al máximo las virtudes de cada uno de sus dirigidos. Pero, antes que todo, un gran entrenador debe comprender que lo que tiene enfrente es grupo de seres humanos. Y Chuck Daly lo hizo como pocos.

 

Escrito por Crossover

Básquet y algo (mucho) más.

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