SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES

Kevin Garnett ha construido una carrera digna del Hall of Fame basándose en un simple principio: dejar todo en la cancha para ganar. Y ganar, para Garnett, era derrotar al rival tanto mental como físicamente. Minimizarlo al punto de que sólo viera sus debilidades. Esa manera de jugar, tan intensa, le valió múltiples reconocimientos en la NBA: un MVP de la temporada regular en 2004 y otro del All-Star Game en 2003, un premio al Mejor Defensor del Año en 2008 y un campeonato, conseguido el mismo año con Boston Celtics. Sin embargo, también le costó incontables críticas de quienes tildaban de irrespetuosa su forma de ser dentro de las canchas. Pero a Garnett jamás le importó. Mantuvo esa intensidad durante las 22 campañas que disputó. Y eso lo convirtió en uno de los mejores jugadores en la historia de una liga en la que, según KG, no hay lugar para los débiles.

 

Escrito por Crossover

Básquet y algo (mucho) más.

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